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La joven desesperanza

Daniel Guzmán

Daniel Guzmán

Daniel Guzmán | ACTUALIZADO 22.07.2019 - 5:55 pm

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Hablar de juventud e intentar vincularla con la desesperanza es, cuál diría Salvador Allende del ser revolucionario, una contradicción hasta biológica. Y es que no se concibe la desesperanza en quienes por razones de generación están llamados a motorizar el cambio, a generar las transformaciones, a quebrar el statu quo.
   
Sin embargo, es esa juventud la que hoy, más que nunca, enfrenta retos cuyas soluciones no parece descifrar, y todo aquello encuentra un pernicioso aliado en el desequilibrio del despropósito.
   
Y es que, la persecución de grandes objetivos, al menor esfuerzo posible, parece marcar la pauta de la juventud contemporánea. La necesidad de sentirse complementado y, en ocasiones hasta aceptado, a través de aquello que no agrega valor, pero que les coloca en el centro de las tendencias actuales, crea la enorme distorsión de vanos objetivos.
   
El mínimo esfuerzo parece ser ya una característica innata en el joven de nuestros tiempos. Y lo material, el inevitable imán que, por atracción les acerca.
   
El lujo, no así la calidad, es el estándar del actual sistema de consumo, y la necesidad de adquirirlo parece no conocer fronteras. Así, el zapato de moda, el maquillaje de la cantante más seguida, o el automóvil tan mejorado que ya no les invita a conducir, son algunas apetencias que despiertan el interés, pero que también desbordan sus posibilidades.
   
Les cuesta hacer filas, madrugar, leer con entusiasmo, colaborar en grupos, trazarse metas personales, individuales o colectivas. Se les dificulta las buenas relaciones interpersonales, desprenderse de las influencias externas de infames modelos de éxito fácil.
   
No les importa el reconocimiento o respeto social basado en valores o principios. Menos interesa la relegada meritocracia como base para el desarrollo individual.
   
Por todo ello, si los jóvenes no apuestan al esfuerzo, al trabajo, al sacrificio, a los valores, como base del desarrollo individual y social; si no se animan a reconocerse a sí mismos, a identificar sus talentos, a valorar lo moral, lo ético, lo inmaterial en su justa dimensión, no queda dudas que, en el futuro próximo y lejano, reinará la desesperanza.



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