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La pedagogía de la esperanza

Luciano Filpo

Luciano Filpo

Luciano Filpo | ACTUALIZADO 11.07.2019 - 4:40 pm

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La pedagogía se halla entre las ciencias de la educación, se ocupa de las teorías y prácticas de la enseñanza. Existen muchas construcciones pedagógicas referidas a los actos y hechos educativos, y a la vida cotidiana. Se habla de pedagogía social, pedagogía crítica, pedagogía de la reproducción cultural, pedagogía histórica, pedagogía política y pedagogía de la esperanza. Desde la antigüedad clásica grecolatina, el pedagogo era el conductor de los niños, quien enseñaba los primeros pasos, la Génesis del proceso educativo.

La sociedad de los últimos 40 años observa cambios acelerados y agigantados, las personas y grupos son meros espectadores de los procesos. La tecnología y la globalización se han llevado por delante las tradiciones, las costumbres, los viejos paradigmas, el modus vivendi y operante, se han roto Los nichos ecológicos y las formas de operar de los grupos y personas. Probablemente sea la escuela la institución que menos evoluciona, que menos cambia ante las continuas transformaciones de la sociedad y del mundo en sentido global. Según Manuel Castell se está ante la sociedad red, el mundo interconectado, o Byum Chull Han habla de la sociedad del big Data, la sociedad de la postverdad, la sociedad de la incertidumbre, de la confusión, de la anomía, de la ausencia de reglas claras. Construir la esperanza en un mundo confuso es un desafío, un reto, una apuesta a la búsqueda de la utopía. Desde la teología se plantea que construir la esperanza es la meta de todo cristiano, la esperanza implica espera, construcción, formación, optimismo. Hay que diferenciar entre la esperanza ingenua y la esperanza crítica. La esperanza ingenua es resignación. Tal vez pesimismo, impotencia, pero la esperanza crítica va orientada a esperar a crear, organizar, articular...        

El optimista crítico actúa con los pies en la tierra, tiene claro los medios y las herramientas para labrar la realidad y orientar las energías hacia el futuro. Estas últimas décadas van cargadas de proceso que aturden a los menos prestos al cambio, a la dinámica de la sociedad. Según Octavio Paz en su obra "Tiempo nublado" la caída del muro de Berlín y la debacle del socialismo habían dejado a muchos sin alternativas, varados en el tiempo, se pasa de un mundo bipolar a un mundo unipolar, la supuesta amenaza comunista había terminado, pero las contradicciones sociales, los problemas ambientales, la distribución de la riqueza, la carrera armamentista, América Latina se hacía más violenta, más desigual y excluyente.

Por su parte J. Habermas en su obra "Tiempo de transiciones" aborda los cambios filosóficos que ocurren, la reacción posmoderna, el cambio en la concepción de los valores modernos, la relatividad de los valores, el vacío existencial en que se ven los seres humanos, teniendo más bienes de consumo y objetos materiales, pero menos sentido en la existencia, en la socialización y la interacción con los demás. Bauman por su parte, apuesta a la promoción de una pedagogía humanista orientada a la recuperación de la esencia del ser humano, según este autor los procesos tecnológicos y burocráticos subordinan al ser humano a la rutina de una rueda, una máquina. Paulo Freire habló de la necesidad de promover una pedagogía crítica y una pedagogía de la esperanza. En Freire educar es un acto de libertad, de emancipación, de construcción de la esperanza, de convivencia con la naturaleza y entre los hombres mismos. La pedagogía de la esperanza busca sacar al ser humano de la ignorancia, la alienación, la condición de lacayos y serviles. La pedagogía de la esperanza se enfrenta al constructo de La mentira, la demagogia, la falacia o lo que Noam Chomsky ha denominado la pedagogía de la mentira. Desde la pedagogía de la mentira se justifica la guerra, discriminación, el autoritarismo, la desigualdad, la manipulación y la superioridad de unos sobre otros.        

En el marco de la educación dominicana se ha estado manejando la pedagogía de la mentira, se habla  de las bondades de proyectos, que hasta ahora no han aportado nada cualitativo. Una supuesta revolución educativa que sólo aporta negocios lucrativos, alrededor de la educación. Las edificaciones se han diseñado como cárceles aisladas, alambradas con egregios paredones; son pensados más para presos qué para formar hombres libres.     
      
Quienes gobiernan han vapuleado las instituciones, han timado al erario, han profundizado la desigualdad, la violencia, la derrota de los cuerpos del orden. La pedagogía de la mentira ha creado una generación de taimados, lumpens, desequilibrados, claro está, esta generación es el producto de la ausencia de políticas públicas orientadas a corregir problemas, a conformar seres humanos con compromiso ciudadano. El contenido de la revolución educativa no ha aportado una pizca de cambios; por el contrario los centros educativos son inmanejables, los docentes, que no nacen locos, se hayan acosados, perseguidos, atormentados por un entorno hostil; la educación para la Paz es una urgencia, construir un entorno pacífico, tolerante e inmerso en el respeto a la diversidad; la sociedad dominicana se halla en un trance, en un período de confusión e incertidumbre, carencias de orientaciones para la vida con sentido. Hay que seguir repensando la educación, la pedagogía de la esperanza. El crispado entorno dominicano, donde se ha perdido la razón, cordura y la gobernabilidad, hay que realizar ingentes esfuerzos por ejercitar la democracia, la convivencia. La manigua, el atraso y lo elemental se ha apropiado de la sociedad dominicana, cada vez es más urgente, recuperar la esperanza en un país exiliado de la razón.            

Todavía tiene vigencia la expresión hostosiana de "Civilización o barbarie". No hay espacio para la esperanza, pero hay que construir la utopía, soñar la nueva sociedad, donde sea posible la solidaridad, transparencia y respeto por la diversidad. Hay que hacer realidad la pedagogía de la esperanza.

El autor es Doctor en Educación.



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