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El flamenco, un Patrimonio de la Humanidad que siempre fue universal


  • Agencia EFE | 19-11-2020

El flamenco cumplió diez años de su consideración como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad de la Unesco, un "hito" en la dignificación de un arte que ya era, desde muchísimo antes, universal, y que continúa esperando el apoyo que su "duende" merece.

"Queda mucho por hacer", dice Francisco Perujo, que, como director de la Agencia Andaluza para el Desarrollo del Flamenco en 2009, fue uno de los principales artífices del expediente que hizo que la Unesco incluyera el 16 de noviembre de 2010 al arte jondo en "el olimpo" de las manifestaciones culturales dignas de protección.

Al segundo intento

Hubo un primer intento en 2005 en el que la candidatura "se despeñó", entre otras circunstancias, porque en aquel momento se exigía que los elementos de esa lista estuvieran en peligro de extinción y el flamenco, extendido por todo el mundo desde el siglo XIX, no lo estaba.

Cinco años después el flamenco volvió a intentarlo.

Perujo, junto con un equipo de cinco personas de Andalucía, Extremadura y Murcia, construyeron en apenas dos meses el expediente de la candidatura.

El informe denominado ICH-02, acompañado de un vídeo, un audio con los cantes más importantes cantados por los cantaores más destacados, de fotos y de un mapa de su origen y extensión, formó parte de un expediente, junto a las firmas de apoyo de más de cien mil personas e instituciones.

"Todos tenían claro que era oprobio que a la altura de 2010 el flamenco no estuviera reconocido como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad", afirma Perujo, que llevó a la embajada española de París ese expediente, para que ésta a su vez se lo entregara a la UNESCO.

Como un perfume

"Casi parecía una caja de perfume", bromea ahora Perujo.

Con ello, en una reunión en Nairobi, la UNESCO declaró por fin al flamenco Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, junto con otras 46 manifestaciones culturales, entre ellas el canto de la Sibila de Mallorca.

"Hemos luchado mucho. Antes los flamencos éramos considerados pendencieros y borrachos, pero gracias a Dios esto ha cambiado", comentaba aquel día emocionado "Fosforito".

Un reconocimiento que no ha ayudado mucho

Estar en esa lista no ha logrado dar soluciones a los problemas del flamenco. Diez años después, la pandemia del coronavirus ha revelado que este arte sigue siendo uno de los más vulnerables.

"Fue una noticia grandiosa. Lo que me duele es que cada vez se nos tenga menos consideración. Hay artistas que lo están pasando muy mal, pasando hambre. No soy político pero me hierve la sangre. 

El flamenco es una marca que se vende en el mundo entero y ¿dónde están las ayudas?", se lamenta Paco Cepero, uno de los mejores guitarristas flamencos de la historia, con más de 60 años de trayectoria en los escenarios de todo el mundo, casi todos los premios y reconocimientos y, aun así, sin jubilación y pagando de su bolsillo el disco que prepara.

"Me gustaría que esto no se quedara en una efeméride. Luchamos mucho para que se considerara al flamenco Patrimonio de la Humanidad. No se puede quedar sólo en palabras", afirma.

Los retos del flamenco

Perujo destaca que las administraciones implicadas "en la salvaguarda" del flamenco "tienen un campo por delante para cumplir" con la UNESCO.

Él es el coordinador del Máster en Investigación y Análisis del Flamenco, el primer posgrado oficial universitario del mundo centrado en el flamenco, que arrancó en el 2018 y que actualmente cursan 81 alumnos.

"Es una raya en el agua", explica mientras defiende la necesidad de que sea incluido en el sistema educativo.

"El flamenco necesita nuevos públicos y eso hace falta trabajarlo desde la base, lo que no se conoce, no se ama".

Lo que no faltan son artistas: "no ha habido un momento histórico con tantos artistas, tan bien formados y con tanto talento como ahora. No hay grandes estrellas que marquen una época, como La Niña de los Peines o Camarón de la Isla, pero hay una generación con una formación enorme".

Perujo cree que las administraciones deberían tener "las luces largas" y plantearse la necesidad que ofrecer "una discriminación positiva", apoyando circuitos escénicos que hagan accesible este arte al público y permitan "que los flamencos coman", porque "sin artistas no hay flamenco".

Una marca de país

Echa en falta también "una gran estrategia internacional" para impulsar "un elemento sustancial de la marca de país".

"El flamenco es un arte que puede zarandear las emociones de cualquier persona en cualquier lugar del mundo. Es universal por su capacidad de impacto emocional. ¿Lo estamos aprovechando?, yo creo que no", añade.

Sin esa estrategia internacional, solo "por su propia fuerza", el flamenco llena festivales en Nueva York o Roma.

Las peñas buscan relevo generacional

También sin ninguna estrategia política, el flamenco vive y se extiende por todo el globo a través de una red de peñas constituidas por aficionados.

Un entramado en el que el flamenco se convierte, más que en un espectáculo, en "una experiencia de convivencia" y que ahora tiene un problema con el cambio generacional.

"Necesitamos atraer a los jóvenes", dice Nicolás Sosa, presidente de la federación que agrupa a las 44 peñas que hay sólo en la provincia de Cádiz mientras reclama una iniciativa en el terreno educativo "para despertar la inquietud de los niños y jóvenes" hacia este Patrimonio Inmaterial de la Humanidad al que, cree, "no se le ha sacado mucho partido". 


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