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Café edición 22 de febrero 2020


  • Miguelina Medina | 21-02-2020

El acento de Árbol

Al final de la vida

el árbol se ha dado cuenta 

de que vibra en su corteza 

con un nombre que lo nombra

que él nombra también

cuando intenta correr la savia

que quiere llegar a sus pedúnculos.

Esa savia es cierta,

y se ha dado cuenta de que lo es tanto

que no le cree que sea tan cierta.

Y se embelesa ante tal belleza 

y  la duda  y no la abre

porque la duda puede ser muerte

y la certeza también puede serlo.

“Premonias”

Lo he dejado hacer

lo que él quería.

Es el sueño

me ha tumbado a recostarlo

porque ya no puede más

sostener el anhelo.

¿Yacerá?

¿Se llevará con él también mis memorias?

¿A quién las dejaré si muriendo me lleva con él?

Son mis letras

y pienso en sus premoniciones

que entran en mis delirios

y vuelven y salen al viento

esperando el error de las “premonias”.

Ojalá oliera sus purezas 

que detonan solo por él

para que lo devuelvan. 

Agotado el sueño 

me ha tumbado a recostarlo

y quizás ya no despierte.

Mi cielo

Se ha exaltado en mi alma un temor

uno solo

tiene nombre.

Pero hay muchos más

que a veces llegan burdos

y  el mismo temor que temo como azufre yace.

Es mi mente un vocablo

al  que puedo dar la forma

pero le subyace el encanto dulce

del amor desmedido

y no admite finitud.

Entonces viene brusca la razón

y trae la muerte animada 

y se impone para que la admitan.

Los que traducen al cielo

También introducen ruidos que perturban. 

Esa no es la poesía del Gran poeta, digo.

Entonces traje a la memoria grandes letras

que también pueden descifrar al cielo,

y ubicadas en Su poesía, 

han traducido el amor eterno.

Entonces puedo saltar 

porque sé que si te vas 

o si se van

un día saltaremos juntos en el cielo. 

Poemas de Miguelina Medina


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