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Café edición 18 de enero 2020


  • Miguelina Medina | 17-01-2020

Poemas de William Acevedo Fernández

Hermanos enraizados

Hermano del árbol,

hermano de sus centenarias

hojas muertas,

hermano de su retoño de

hojas ancianas:

las que dan olvido,

las que esconden las serpientes,

hermano de sus relámpagos enraizados:

los que me halan,

me persiguen.

Estéril

Los astros míos: 

a mitad de distancia

en sus guiños se confiesan

cuando cuido su silencio,

a mitad de un eco

en mi celo se hipnotizan

cuando disparo a mansalva

al sueño de la luna,

a mitad del ascenso

en su escalera se pierde

cuando dormita

la avidez.

El desaire de las musas

Aquella vez, confundidas en la sombra

pretendían relegar al mundo

y sin dar cuenta

extendían un velo de sol

a sus espaldas,

destellos añiles

de un ruiseñor distraído

entre nublos de laurel.

De ellas estanco un reflejo de desaire,

leve soslayo,

ellas no abrieron los ojos

a mis mariposas invisibles,

imperceptibles.

Síndrome de Estocolmo

El veneno afable,

enclaustrando el corazón,

una sonrisa,

un silencio

bastan para el primer síntoma,

después de unas horas

de lluvia

sales al intemperie

con el síndrome de Estocolmo

sin nada que hacer.

Ocaso y perdón

Perfecto para que brillen

las estrellas,

para estar junto a ti:

arrullando el silencio

de la luna al subir al cenit.

Perfecto para que brillen

las estrellas,

para amarnos con el pasado

creciendo en nuestras manos

como sombras.

Perfecto para que brillen

las estrellas,

y perdonarnos,

y perdonarnos. 


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