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Arde América Latina


  • Redacción | 09-01-2020

América Latina no es el continente más pobre del mundo, pero sí el más desigual del planeta socialmente hablando. Esa desigualdad se observa, por ejemplo, cuando un político, digamos un regidor de un ayuntamiento cualquiera puede devengar un salario promedio de 175,000 pesos, mientras un médico no devenga un salario de 50,000 pesos y qué decir de un maestro. No hay que ser docto en materia de sociología política para saber que la desigualdad social produce grandes convulsiones cada cierto tiempo. Eso es lo que está sucediendo en el presente en naciones como Haití, Chile, Ecuador, Argentina y otras.  

A partir del año 1999 cuando ganó las elecciones el presidente Hugo Rafael Chávez Frías en la hoy  República Bolivariana de Venezuela se inició una carrera continua de ascenso al poder de dirigentes políticos de pensamiento liberal: Argentina Néstor Kirchner  y Cristina Fernández de Kirchner, Ecuador Rafael Correa, Bolivia Evo Morales, Paraguay Fernando Lugo, Brasil Luis Inácio Lula Da Silva,  Honduras Manuel Zelaya, Nicaragua  Daniel Ortega. 

Naturalmente, el surgimiento de un pensamiento político liberal en el mismo patio trasero de Estados Unidos exacerba las fauces del león que ruge y ruge con fuerza demoledora. Golpe de estado en Venezuela contra Chávez y contra Nicolás Maduro, golpe de estado en Honduras contra Manuel Zelaya, en Paraguay golpe de estado contra Fernando Lugo, golpe de Estado contra Dilma Rousseff en Brasil,  Golpe de estado contra Evo Morales en Bolivia.  Judialización política en contra de Lula en Brasil, de Cristina Fernández en Argentina, en Ecuador en contra de Rafael Correa, entre otros. En fin, se soltó el demonio imperial.

Una  miseria espantosa ha vuelto a muchos de esos pueblos en los que el pensamiento político liberal había logrado sacar de la pobreza extrema a grandes  nichos poblacionales. No es que esas poblaciones habían dejado de ser pobres, sino que  habían salido de la miseria extrema. Todos esos pueblos lograron erradicar el analfabetismo y en países como Ecuador y Bolivia se había devuelto el poder a los habitantes originarios de esas tierras.  El ascenso al poder de un grupo de reaccionarios, tales como el caso de Perú, Brasil, Argentina, Ecuador, Guatemala y el Salvador,  ha sembrado de incertidumbre el futuro inmediato de nuestra América morena. En Haití ocurre otro tanto, y podemos predecir, con muy poco margen de error (ojalá estemos equivocados) que podría suceder lo propio en nuestro país a partir del año próximo si el rumbo del país político no cambia para bien. 

En los últimos meses hemos visto como estalló la situación sangrienta en Chile, Ecuador, Haití y   Bolivia, y en menor grado en Argentina y Brasil. Los pueblos de esos países se han lanzado a las calles a procurarse por sus propios medios lo que sus gobiernos les niegan por ley. El caso de Chile es quizás el más emblemático de todos, puesto que, el país tenía el mérito de ser quizás uno de los más “civilizados” de todo el continente americano. La destrucción material operada allí se ha asimilado a Haití. Es que los pueblos no hacen distinción entre más civilizados y menos civilizados al momento de procurar las reivindicaciones que sus gobiernos les niegan. 

Lo que está sucediendo en la República Plurinacional de Bolivia es una verdadera masacre. Los militares y los policías del gobierno golpista de la autoproclamada presidente Jeanine Áñez han matado vilmente más de dos decenas de personas y han heridos más de trecientas. En Ecuador sucede otro tanto. Lo de Haití no tiene parangón. ¿Se habrán preguntado los líderes de esos países cuáles son las razones por las que los ciudadanos se han decidido a morir reclamando sus derechos?  Probablemente no. Esto, porque generalmente a los gobernantes entreguistas no les importa lo que suceda a sus pueblos, incluso si el gobernante gana, como el caso de Evo Morales con más de diez por ciento de la votación general sobre su más cercano contendor.  Las aves de rapiña, sedientas de poder, tan solo piensan cómo atrapar sus presas (el poder).  

No cabe dudas de que en poco tiempo tendremos otros pueblos de nuestra América ardiendo en llama, pues el giro que ha tomado la cuestión política al sur del continente conduce desde todos los ángulos a rebeliones generalizadas también en otros lares. El problema radica en que ya ningún país resiste la miseria espantosa en que el capitalismo inhumano y rapaz le ha sumergido. Los pueblos aguantan, pero cuando deciden explotar no hay nadie que los detenga y aquí volvemos al ejemplo chileno. El abuso de la judicialización del enemigo político (casos Cristina Fernández de Kirchner, Rafael Correa y  Lula Da Silva) es muy preocupante. Con la llegada de la modalidad de “Golpe de Estado Blando” que consiste en abrirles procesos judiciales a los gobernantes de turno para destituirlos, evitando así el golpe de estado tradicional y sangriento, la creación de entidades títeres como el denominado grupo ProSur, el triste y lamentable rol jugado por el “Departamento de Colonización de Estados Unidos”  que es la OEA a través del señor Luis Almagro, sin dudas el más despreciable de los títeres de América,  la desintegración o la intención de hacerlo, de organismos como el Alba, Celac, Mercosur, Unasur y otros, es señal de que el panorama latinoamericano no puede ser más lúgubre.   

Sin embargo, y sin dejar de reconocer que el panorama geopolítico de esta parte del continente americano es tétrico, parece que habrá una luz al final del túnel. El gobierno de Jair Bolsonaro o mejor dicho, la justicia de Brasil, ha tenido que poner en libertad a Lula, indiscutible próximo presidente de la gran nación suramericana, tras haberlo encarcelado injustamente. La derrota de Macri en Argentina, la inminente salida del poder de Juvenel Moise en Haití, el mantenimiento de Maduro en Venezuela, la consolidación del socialismo en Cuba, y, en fin, el resurgimiento de otros líderes de pensamiento liberal, hace pensar que América Latina podría reencaminarse por el sendero del progreso. Hay que tener cuenta, sin embargo, con el caso de Ecuador, pues el traidor Lenin Moreno pudiera replicarse en otros países. 

Si bien América Latina es un polvorín, no cabe dudas de que aún está a tiempo para reencaminarse por el sendero del desarrollo a partir de la inversión social de sus recursos en provecho de la gente. Desde luego, eso traerá consigo nuevos enfrentamientos con el amo del norte que, de ninguna manera va a aceptar la emancipación de nuestros pueblos.  El latrocinio, la corrupción pública y privada y  el manejo indelicado de los recursos públicos ha sido siempre incentivado desde los centros hegemónicos del poder imperial para luego provocar golpes de estados en contra de nuestros gobernantes bajo la acusación de “corrupción”.

América Latina está en las fauces del león. Eso lo sabemos. Pero también sabemos que la lucha de nuestros padres fundadores para legarnos patrias “grandes y libre de toda potencia extranjera aunque se hunda la isla”  y del pensamiento del Gran Simón Bolívar y de los otros prohombres de nuestras tierras, nos guiarán siempre hacia el norte de la libertad, que es lo mismo que decir, el desarrollo y la grandeza de nuestros pueblos del sur de la América,  desde el Rio Grande hasta la Patagonia y desde el Caribe inmenso salpicado por un archipiélago eterno “sembrado de azúcar y alcohol”. 

El panorama no es el más halagüeño, es cierto, pero no hay que desmayar. América Latina ha sido esclava y esclavizada en múltiples ocasiones, pero ha sabido liberarse de las garras tenebrosas del león en otras tantas veces y sabrá levantase cada vez que la indiscutible fuerza desalmada del imperio la empuje al centro del abismo.  ¡Nada detiene la libertad de los pueblos!

Por  Juan PABLO ACOSTA GARCIA, M.A


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