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Manuel Ángel Fernández

Un Análisis Financiero

Manuel Ángel Fernández | manuel_fdez@yahoo.com

Educación financiera en los niños


  • Manuel Ángel Fernández | 16-06-2020

(Dedicado a mi abuela Sara)

Esta calamidad del Covid-19 ha evidenciado nuestra falta de capacidad en términos de planificación financiera. En tiempos de pandemia, el riesgo de liquidez toma una mayor dimensión. El riesgo de liquidez es la probabilidad de que una unidad productiva, una familia, se quede ilíquida (sin dinero) por fluctuaciones del ingreso o del gasto. Miles de hogares están sufriendo serios problemas financieros porque los ingresos del hogar han disminuido o en el peor de los casos han desaparecido.

Llevar un hogar sin planificación financiera, sin poder contar con un fondo de emergencia, explotando la tarjeta de crédito y tomando decisiones de compra exclusivamente en el salario, nos lleva a situaciones de calamidad como la que estamos hoy padeciendo.

Esto es consecuencia de falta de cultura financiera, que es el conjunto de valores, conocimientos y actitudes que nos ayudan a ejecutar una gestión efectiva de nuestros recursos y de nuestros riesgos.

Por eso, soy de los que valoran como esencial la educación financiera en los niños. Desde pequeños se les debe enseñar que el dinero no crece en las ramas de los árboles y que cuesta mucho esfuerzo conseguirlo. El núcleo familiar es clave, ya que, si los padres derrochan el dinero y viven sobre endeudados, el niño se lo tomará como algo normal y posiblemente actuará de la misma manera en la adultez.

Fomentar el ahorro en el círculo familiar es clave para una buena educación financiera en los hijos. Para esto es imprescindible la virtud de la paciencia, sobre todo en los niños que todo lo que ven lo quieren. Aquí la clave no es cuánto, sino cuándo lo puedo adquirir y hay que propiciar que el infante participe en el logro de una meta a través del ahorro. Por ejemplo, si su deseo es una tableta (Ipad), podemos comprometerlo a que, de su mesada o asignación, ahorre una parte para adquirirla. Esto le dará al niño la capacidad de valorar y a la vez cuidar esa tableta, pues ya ha madurado en su interior el sacrificio que le ha costado adquirirla. En fin, con la paciencia lo que buscamos es que nuestros hijos aprendan a valorar y respetar el dinero.

Desde pequeño, mi querida abuela Sara (EPD), mujer trabajadora, me obsequiaba huchas (alcancías) donde me obligaba a poner parte del dinero que recibía de tíos, parientes y amigos de la familia. Para mí era un reto, pues cuando llenaba la alcancía, me sentía feliz de haber cumplido esa meta.  Luego, mi abuela me decía: adquiere algo que te haga feliz, o mejor aún, que lo haga multiplicar, fue mi primera lección de inversión.

Mi abuela Sara, vivía en un pequeño pueblo de Galicia, España; era dueña de un estanco y tienda de provisiones, y las ganancias del negocio eran reinvertidos en nuevas líneas de productos o en infraestructura, y era feliz viviendo con total frugalidad. Mi padre heredó esa forma austera de vivir feliz hasta donde la sábana le arropa. Esto no quiere decir que hayan sido sumisos y conformistas, al contario, sacaron el mejor provecho posible de sus recursos. Mi padre, nos pagó un buen colegio y una buena universidad, llegó a ser un alto ejecutivo de una multinacional y terminó su vida productiva emprendiendo su propio negocio.

La educación financiera de nuestros hijos es fundamental para su futuro. Les permitirá un uso más efectivo de los servicios financieros que existen en el mercado, les ayuda a estar mejor preparados para afrontar tiempos económicos difíciles, les ayuda a forjar un mejor carácter y combatir la impaciencia y la ansiedad financiera, y además contribuyen al equilibrio presupuestario del hogar.


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