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Octavio Acosta, entre el béisbol y la música típica


  • Redacción | 13-08-2020

Ya fuese en el centro del montículo o en medio del salón, Octavio Acosta disfrutaba a plenitud su vida, haciendo las dos cosas que más le fascinaba, jugar béisbol y bailar música típica.

Con su imponente figura, este  gigante de 6 pies y 4 pulgadas, no pasaba inadvertido entre las multitudes, tanto si se trataba  del estadio Cibao, o de una concurrida fiesta de su ídolo Tatico Henríquez.

Era excelente compañero, un caballero, decente con todos, que no reclamaba a los árbitros.

Sin embargo, se la pasaba reclamando a Tatico Henríquez porque no había grabado un merengue en honor a su padre, que apodaban Bolo y quien le enseñó los primeros acordes del acordeón.

Con la bola en la mano en el box y Bolo en la cabeza para pedir justicia, Octavio fue forjando una brillante carrera con las Águilas Cibaeñas y en los circuitos menores de los Estados Unidos.

Mientras Octavio Acosta triunfaba en el béisbol, Tatico Henríquez se convertía en un fenómeno de la música típica.

Octavio debutó con las Águilas en la temporada de  1957, jugando ocho campañas, donde acumuló 20 victorias, 14 derrotas y una excelente efectividad de 2,96 carreras limpias permitidas.

Ante la insistencia de Octavio para que Tatico le tocara a Bolo apareció el tema reclamado: Dijo Octavio Acosta/que estaba disgustado/homenaje a Bolo/no se lo han grabado.

Por su enorme anatomía y su lugar de procedencia en la Línea Noroeste, se ganó el mote de “El Grandote de La Pinta”.

El debut de Octavio Acosta en el extranjero, fue en la categoría C, jugando para la organización de los Piratas de Pittsburgh, quienes lo firmaron.

Acosta ganó 15 partidos en clase C y perdió 9, con efectividad de 3,86 en carreras limpias aceptadas.

Pero allende los mares Octavio seguía insistiendo en que Tatico grabara el homenaje a Bolo.

Octavio Acosta/escribió desde el extranjero/ homenaje a Bola/es lo que yo quiero.

Luego de terminar su carrera como lanzador, Octavio trabajó con los jóvenes en el equipo de las Águilas Cibaeñas, enseñando sus conocimientos.

También estuvo al frente del Departamento de Deportes del Ayuntamiento de Santiago, en una de las gestiones de José Enrique Sued.

Luego Octavio  vivió Nueva York, donde se paseaba con orgullo con su gorra de las Águilas Cibaeñas, hasta que regresó muerto al lar nativo.

Dice Octavio Acosta/que Tatico y Manolo/hace un mes grabaron/Homenaje a Bolo.


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