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Efemèrides especial 6 de octubre de 1976:Atentado terrorista aèreo contra selelecciòn de esgrima cubana


  • Rafael Baldayac | 06-10-2020

 

 

Aún cuando han pasado más de cuatro décadas, la cobarde y aborrecible acción que le quitó la vida a un grupo de jóvenes atletas y sus acompañantes es una herida lacerante que se mantiene viva en el sentimiento del pueblo cubano y toda Latinoamérica.

SANTIAGO, REPUBLICA DOMINICANA/.Un dia como hoy 6 de octubre de 1976 es derribado por la explosión de dos bombas colocadas en su interior el vuelo 455 de Cubana de Aviación, en un criminal ataque terrorista que acabó con la vida de los 73 ocupantes del avión Douglas DC-8, incluyendo a los 24 miembros de la selección nacional juvenil de esgrima de Cuba.

 

Ninguna de las tragedias de aviación en la que se han visto involucrados deportistas ha sido tan desgarrante como esta, narra el libro “De la Fama a la Tragedia” que recoge todas las catástrofes aéreas del deporte mundial.  

 

Aún cuando han pasado más de cuatro décadas, la cobarde y aborrecible acción que le quitó la vida a un grupo de jóvenes atletas y sus acompañantes es una herida lacerante que se mantiene viva en el sentimiento del pueblo cubano y toda Latinoamérica.

 

 

Todo parece extraído de una película de terror, por la manera horrorosa en que murieron los ocupantes del avión comercial cubano, que en pleno vuelo sufrió el impacto de dos bombas colocadas en su interior por un grupo de   terroristas venezolanos, apoyados por el exilio cubano.

 

Como consecuencia de la explosión se produjo la inminente caída de la aeronave, envuelta en llamas, llevándose consigo la vida de 73 personas a bordo, entre ellas los 24 miembros de la selección de esgrima juvenil cubana.

 

La catástrofe aérea ocurrió la mañana del miércoles 6 de octubre de 1976, cuando el avión DC-8 con matrícula CUT 1201 acababa de partir del aeropuerto internacional Seawell, de Barbados, llevando hacia un trágico final en el océano Atlántico a 48 pasajeros y 25 tripulantes. De ellos 57 eran cubanos, 11 guyaneses y cinco norcoreanos.

 

Con el abominable acto terrorista perecieron los integrantes de la delegación deportiva, incluyendo a 16 esgrimistas juveniles, que acababan de ganar para su país todas las medallas de oro entregadas en el IV Campeonato Centroamericano y del Caribe de Esgrima, celebrado por esos días en Caracas, Venezuela.

 

Muy por encima de los seis mil metros de altura había alcanzado el avión. Marchaba el orgullo de todos estos jóvenes representando dignamente a su patria y que perdieron sus vidas mientras sobrevolaban una playa barbadense caprichosamente llamada Paradise (paraíso).

 

Además de los 16 atletas, la mayoría aún en edad juvenil, pues sólo cuatro rebasaban los 21 años, murieron cuatro entrenadores, dos técnicos y los dos responsables del grupo. De los esgrimistas, ninguno tuvo oportunidades de dejar descendientes.

 

Una de las esgrimistas, Nancy Uranga Romagosa, de 22 años de edad, que incluso estaba embarazada, quedó marcada por el destino. Ella tomó el vuelo a última hora, pues inicialmente debía viajar a la capital venezolana una atleta de 12 años, demasiado alta para su edad, llamada María González.

 

Se supo que ya en la pista del Aeropuerto Internacional José Martí, de La Habana, uno de sus entrenadores informó a María que las normas internacionales de las competencias amateur prohibían participar a niños de su edad y por eso llamaron a Nancy para que fuera al aeropuerto y ocupara su puesto en el fatal viaje a la cita regional.

 

Como atletas sobresalían el tunero Leonardo McKenzie Grant y la camagüeyana Inés Luaces, ambos floretistas y con excepcionales condiciones para imponerse al más alto nivel.

 

Además murieron varios funcionarios del gobierno cubano que iban a bordo del avión. Ellos fueron Manuel Permuy Hernández, director del Instituto Nacional de Deportes (INDER).

 

Ellos fueron Jorge de la Nuez Suárez, Secretario General del Partido Comunista en la Flota Camaronera del Caribe; Alfonso González, comisionado nacional de los deportes de arma de fuego, y Domingo Chacón Coello, miembro del Ministerio del Interior.

 

Mientras que de los once guyaneses viajaban dos estudiantes de medicina de 18 y 19 años, respectivamente, y la joven esposa de un diplomático guyanés. Los cinco coreanos eran funcionarios oficiales del gobierno y un camarógrafo.

 

44 aniversario del vuelo 455 bombardeado por los terroristas

 

El vuelo 455 de Cubana de Aviación, bombardeado por los terroristas, tenía previsto viajar la siguiente ruta: Guyana a Trinidad, Trinidad a Barbados, Barbados a Kingston (Jamaica) y finalmente a La Habana, Cuba.

 

Eran las 17:24, nueve minutos después de despegar del aeropuerto de Seawell, Barbados, y en una altitud de 18.000 pies, cuando explotó en la aeronave una bomba situada en la parte trasera del baño del Douglas DC8-43 Cuba, registrado como CU-T1201.

 

El capitán, Wilfredo Pérez Pérez, llamó por radio a la torre de control: "Tenemos una explosión a bordo, estamos descendiendo inmediatamente, tenemos fuego a bordo. Estamos solicitando aterrizaje inmediato. Tenemos una emergencia total.”

 

El avión entró en un rápido descenso, mientras que los pilotos trataron sin éxito de devolver el avión al  aeropuerto Seawell.

 

Una segunda bomba explotó durante los minutos siguientes, haciendo que el avión se estrellara.

 

 Al darse cuenta de que un aterrizaje con éxito ya no era posible, parece que el piloto viró la embarcación de la playa hacia el océano Atlántico, para salvar las vidas de muchos turistas. Esto ocurrió cerca de ocho kilómetros antes de llegar al aeropuerto.

 

 

La responsabilidad de la Agencia Central de Inteligencia (CIA)

 

Tras el ataque terrorista enseguida se demostró la responsabilidad de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos en el atentado, en las personas de Luis Posada Carriles y Orlando Bosch, reclutadores de los ejecutantes a los venezolanos Freddy Lugo y Hernán Ricardo.

 

La evidencia implicaba, además de la CIA, a los exiliados cubanosanticastristas y a miembros de la policía secreta venezolana (DISIP). Surgieron las complicaciones políticas rápidamente cuando Cuba acusó al gobierno de los EE.UU. de ser un cómplice del ataque.

 

Unos documentos de la CIA publicados en 2005 revelaron que la agencia "tenía  informaciones de los servicios de inteligencia sobre los planes de los grupos terroristas desde en junio de 1976”.

 

Incluso informaciones concretas sobre los planes con el exilio cubano para bombardear un avión de Cubana de Aviación. El ex agente de la CIA Posada Carriles niega su implicación sino que proporciona muchos detalles del incidente en su libro Caminos del guerrero.

 

Los cuatro hombres detenidos en relación con el bombardeo fueron llevados a juicio en Venezuela: Freddy Lugo y Hernán Ricardo Lozano fueron condenados a 20 años de prisión; Orlando BoschÁvilafue absuelto debido a defectos técnicos en las pruebas de cargo.

 

Bosch Ávila, que nació en la provincia de Villa Clara, Cuba en 1926,  se quedó a vivir en Miami, Florida hasta la hora de su muerte el 27 de abril de 2011 con 84 años de edad.

Luis Clemente Posada Carriles estuvo detenido durante ocho años a la espera de una sentencia firme, pero huyó con el tiempo. Más tarde entró en Estados Unidos, donde estuvo detenido, acusado de entrar ilegalmente al país, pero puesto en libertad el 19 de abril 2007.

 

Posada Carriles, un cubano nacionalizado venezolano, conocido como “Comisario Basilio”, murió el 23 de mayo de 2018 a los 90 años de edad,  también en Miami. Había nacido en 1928 en Cienfuegos, Cuba.

 

Cuarenta y cuatro años después, los cubanos recuerdan a los 73 caídos en el acto terrorista, ya cansados de exigir justicia contra los asesinos, quienes supuestamente fueron protegidos por el gobierno de los Estados Unidos.

 

 Ellos, como autores materiales e intelectuales del terrible atentado, desgraciadamente se mantuvieron en libertad hasta el dia de su muerte, a pesar del incesante reclamo desde varios rincones del planeta para que fueran encarcelados hasta morir en prisión.

 

Aún así, su objetivo principal, que era socavar la dignidad del pueblo cubano y dividir al país, no lo consiguieron.

 

Momentáneamente, la muerte de los atletas cubanos truncó un promisorio porvenir para la disciplina en Cuba e interrumpió un ciclo que la isla demoró años en restablecer. De hecho, en los Juegos Olímpicos de Moscú 1980 ningún cubano escaló el podio en esa especialidad.

 

La sequía medallera de los esgrimistas cubanos duró hasta 1982, cuando los caribeños ganaron plata por equipos en el Campeonato Mundial de Esgrima celebrado en Francia.

 

Mientras que la primera presea olímpica para la esgrima cubana llegó 16 años después del atentado, con un bronce en florete durante Barcelona 1992. A partir de ahí el florete y la espada lograron  varios puestos de relevancia para la mayor de las Antillas en campeonatos mundiales y juegos olímpicos.

 

Un monumento fue erigido en Saint James, Barbados, a la memoria de las personas muertas en el atentado y fue visitado varias veces por Fidel Castro, incluyendo una visita durante la  reunión del CARICOM en diciembre del 2005, donde pidió justicia contra los terroristas.

 

También en el 2008 se levantó un monumento a la tragedia de Barbados, localizado en Georgetown, Guyana. Se encuentra en el cruce de Camp y  Lamaha streets.

 

Perfil de la delegación deportiva cubana víctima de la explosión del avión de Cubana de Aviación cerca de las costas de Barbados

 

Ignacio Martínez Gandía: Militante de la UJC y con sólo 25 años de edad este joven ganó la responsabilidad de dirigir al seleccionado cubano de sable en los Juegos Centroamericanos de 1976, en los que contribuyó con una medalla de oro para su equipo.

 

Enrique Figueredo del Valle: Nació en Calabazar, provincia La Habana. Enrique prometía convertirse en pocos años en uno de los mejores sablistas cubanos. Sólo 19 años contaba en el momento de su desaparición.

 

José Fernández Garzón: Nació en Santiago de Cuba, provincia de Oriente. Contaba al morir con 19 años de edad. Subcampeón centroamericano y del Caribe en el torneo de Caracas.

 

Ramón Infante García: Era integrante del equipo nacional de espada desde 1968, año en que concurrió a Rumania y la RFA. Posteriormente múltiples escenarios del mundo fueron testigos de sus actuaciones. En 1970 viajó a Panamá e Italia En 1971 asistió a eventos en la URSS y a los Juegos Panamericanos de Colombia en 1972.

 

Carlos M. Leyva González: Tenía 19 años de edad y era estudiante preuniversitario, se perfilaba como una de las grandes esperanzas olímpicas. Contribuyó en gran parte al triunfo del Colectivo de Oriente en los Juegos Escolares y Juveniles de 1975, al llevar al combinado de florete al primer lugar de la lid.

 

Luis A. Morales Viego: Con 45 años de edad, integrante de la comisión técnica de esgrima, al morir actuaba como secretario de la Confederación Centroamérica y del Caribe de Esgrima. Luis constituyó primero un ejemplo de atleta en los Panamericanos de Chicago 1959, Brasil 1963 y Canadá 1967.

 

Demetrio Alfonso: Nació en La Habana el 8 de marzo de 1932. Cursó estudios con gran esfuerzo logrando ser atleta de tiro en la modalidad de velocidad sobre siluetas. Posteriormente se inició entre los fundadores del INDER. Tenía dos hijas. Era un padre ejemplar.

 

Cándido Muñoz: Estudiante de control de puertos en la Universidad de La Habana. Cándido tuvo una corta pero intensa vida atlética. Integró los equipos cubanos de florete en competencias a la Unión Soviética en 1975 y a Bulgaria y México en ese mismo año.

 

Julio Herrera Aldama: Con 25 años de edad e integrante del seleccionado nacional de espaciada, constituía una de las figuras experimentadas con las cuales este joven del equipo cubano conquistó todas las medallas de oro en estos centroamericanos efectuados en Caracas, Venezuela.

 

José Arencibia: Con 23 años de edad, estudiante del tercer año de Licenciatura en Educación Física en la escuela superior “Comandante Manuel Fajardo”, compitió en los Juegos Centroamericanos de Venezuela de 1976 en las especialidades de florete y espada, en las que ganó oro en la primera y bronce en la segunda, para finalizar con una destacada actuación.

 

Orlando López Fuentes: De 34 años de edad, estaba graduado de contador. Este entrenador se disponía a comenzar sus estudios en Licenciatura en Educación Física, en la escuela “Comandante Manuel Fajardo”.

 

Resultó campeón nacional en la espada en 1966 y tomó parte en varias giras por el exterior y en los Juegos Centroamericanos de 1969, en Puerto Rico; en el Campeonato Mundial de Canadá en 1967 y en las Universiadas de Budapest.

 

Santiago Hayes Pérez: Este entrenador del área correspondiente al florete femenino, de 30 años de edad, tenía un reconocido prestigioso entre sus compañeros de trabajo y sus condiciones para dirigir los seleccionados femeninos eran bien conocidas.

 

Entre sus características personales resaltaban su alto grado de responsabilidad ante el trabajo y la afabilidad con que trataba a todos cuantos requerían de él una explicación sobre cualquiera de las cuestiones pertenecientes a la esgrima.

 

Inés Luaces Sánchez: Oriunda de Camagüey, con 21 años de edad, Inés representó a su provincia en múltiples competencias escolares y juveniles de esgrima y a Cuba desde 1975, en ocasión de celebrarse en México un torneo internacional. Contribuyó a la victoria del colectivo de florete en unión de sus tres compañeros. Era estudiante de estomatología en la Universidad de La Habana.

 

Nelson Fernández: Al igual que la mayoría de los atletas que integraron la delegación cubana a los Juegos Centroamericanos de 1976 de esgrima, este joven estudiante de Licenciatura en Educación Física, con solamente 22 años de edad, constituía uno de los jóvenes valores con los que se contaba para futuras competencias.

 

Juan Duany González: Una de las mejores cartas de triunfo que presentó Oriente en los últimos Juegos Escolares y Juveniles resultó este atleta de sólo 18 años de edad, componente del equipo de sable, que cuando falleció se encontraba estudiando en el preuniversitario. Su entereza sobre la plancha, su carácter y su destreza con el arma lo señalaron como otra de las futuras promesas cubanas.

 

Leonardo Mackenzie Grant: Integrante del equipo de florete y con sólo 22 años de edad había representado a Cuba en varios eventos internacionales, al mismo tiempo que manifestó un pronto avance en su especialidad. En 1976 se encontraba estudiando el tercer año de la Licenciatura en Educación Física, en la Escuela Superior “Manuel Fajardo”.

 

Virgen María Felizola: Sólo 17 años de edad tenía esta floretista, natural de La Habana. Estudiante de preuniversitario de la ESPA, Virgen María obtuvo medalla de bronce en florete individual en el Centroamericano de Caracas y, además, contribuyó a la victoria de su equipo en la justa por colectivos.

 

Manuel Permuy Hernández: Nació en Regla el 2 de diciembre de 1936, de procedencia obrera. Por necesidad económica comenzó a trabajar como peón desde los 14 años. Ya por ese entonces practicaba varios deportes: béisbol, voleibol y baloncesto, este último en el que más se destacó.

 

Ricardo Cabrera Fuentes: Estudiante de arquitectura en la Universidad de la Habana, era integrante del equipo nacional de sable desde 1972, en que concurrió a una competencia internacional en la República Democrática Alemana. Al morir tenía 23 años.

 

Alberto Drake Crespo: Sólo 18 años contaba al morir este estudiante de preuniversitario. Alberto era un joven callado, modesto. Procedente de los Juegos Escolares, donde adquirió un rico historial, pasó a la Escuela Superior de Perfeccionamiento Atlético, donde conjugaba sus estudios con la práctica intensiva de la esgrima.

 

Nancy Uranga Romagosa: De 22 años de edad y oriunda del central “Pablo de la Torriente Brau”, en Pinar del Río, Nancy era una de las mejores esgrimistas cubanas. Militante de UJC y miembro de los CDR, la FEEM y la FMC, estudiante de biología de la Universidad de la Habana.

 

Milagros Peláez González: Natural de Esmeralda, Camagüey, esta deportista de 21 años ya daba pasos firmes en su ascendente carrera deportiva en el IV Campeonato Centroamericano y del Caribe de Caracas, Venezuela, donde consiguió la medalla de plata, conformando así el trío cubano que acaparó las preseas en la lid individual. Militante de la UJC, su integración revolucionaria alcazaba también organizaciones como los CDR, FEEM y la FMC.

 

Comentario de la prensa cubana

 

Cada año cientos de personas entre representantes de la aerolínea, deportistas y familiares peregrinan por el cementerio de Colón en La Habana, donde reposan los restos mortales de las víctimas del sabotaje que el 6 de octubre de 1976 hizo que el aparato estallara en pleno vuelo sobre el cielo de Barbados.

 

Ocurrió un cuarto de siglo antes del 11 de septiembre del 2001, cuando utilizar aviones comerciales, cual bombas volantes, contra territorio norteamericano fue interpretado como un cambio de la historia.

 

Pero el recuerdo del crimen de Barbados, cada 6 de octubre, renueva el dolor de los familiares de las víctimas. Los muertos fueron, en su mayoría, cubanos y muy jóvenes, además de guyaneses y norcoreanos, que para los terroristas resultaban blanco perfecto.

 

Se sabe por testimonios que los integrantes del equipo juvenil de esgrima cubano, que regresaba de ganar todas las medallas en disputa en un torneo centroamericano y caribeño, lo hacían cantando, haciendo chistes. Pero sus muertes abruptas e injustas provocaron la hilaridad macabra del terrorista Luis Posada Carriles y su socio en el crimen Orlando Bosch.

 


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