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Domingo Hernández

Rincón Deportivo

Domingo Hernández | dhernandez@lainformacion.com.do

Desahogo...


  • Domingo Hernández | 26-05-2020

SANTIAGO,REPUBLICA DOMINICANA-.El dominicano Edwin Encarnaciòn ha sido un jugador de pocas palabras, màs bien de bajo perfil.
Es el tipo de pelotero que prefiere hablar con el bate en el momento oportuno, màs que con palabras. Regularmente habla lo necesario, hasta donde se sabe.
Deportista modesto, humilde, en conversaciòn que sostuvo recientemente con su colega ya retirado Rafael Furcal, parte de la cual fue difundida ayer mediante el programa "Z Deportes", que se transmite diariamente por la emisora "Z 101.5", Encarnaciòn narrò parte de las dificultades por las cuales debiò atravesar cuando comenzaba su carrera.
Hablò de "las luchas" que debiò "coger" cuando jugaba con las Aguilas Cibaeñas, equipo al que pertenece en la pelota otoño-invernal.
En ese sentido, en aquella època explicaba a Furcal, que debìa trasladarse en guagua desde su natal La Romana a Santo Domingo, y de esta ùltima ciudad, abordar ràpidamente  un autobus que lo trasladara a Santiago, provincia al norte de la Repùblica Dominicana.
Ya en "La Hidalga", debìa tomar un carro de "concho" -vehìculo de transporte pùblico urbano- que lo llevara al hotel donde se hospedaba y luego coger de nuevo "otro concho" para quedarse frente al Estadio Cibao, a donde debìa reportarse temprano para luego comenzar a entrenar y posteriormente   jugar duro con su equipo.
Es parte de lo que debe pasar un jugador de bèisbol por lo regular durante sus inicios e incluso despuès de varios años metido de lleno en la pelota.
Encarnaciòn señalò, ademàs, que ha sabido "hacer fila". Es decir, esperar a que le llegue su momento para que le den la oportunidad deseada. En otras palabras "quemar etapas".
Esto asì, porque normalmente el dirigente de un equipo pone a jugar a quien entienda que debe darle mejor rendimiento dentro del conjunto de que se trate. Entonces, casi siempre hay un jugador que tiene màs mèritos o experiencia que otros para desempeñar tal o cual posiciòn.
Y Encarnaciòn, en su diàlogo con Furcal, expresò todas esas experiencias que ha tenido en su trayectoria deportiva, proceso que  lo ha llevado a convertirse en uno de los jugadores dominicanos màs exitosos en las Grandes Ligas.
Con màs de 14 años en la gran carpa, en los que ha militado con equipos como:Rojos de Cincinnati, Azulejos de Toronto, organizaciòn con la que puso sus mejores nùmeros, Indios de Cleveland, Yankees de Nueva York y Marineros de Seattle, Encarnaciòn batea para 263 de promedio de por vida, con 414 cuadrangulares, 1,080 carreras anotadas y 1,242 remolcadas.
En el 2019, el toletero criollo que hoy cuanta con 37 años de edad y que pactò con los Medias Blancas para la venidera campaña,  promediò 244, con 34 vuelacercas, 81 vueltas anotadas y 86 impulsadas, en una temporada que alternò con los Yankees de Nueva York y los Marineros.
Dio la impresiòn de que lo revelado por Encarnaciòn a Furcal fue una especie de "desahogo", algo que querìa expresar y que no habìa tenido la oportunidad de hacerlo, no sabemos las razones.
Sin embargo, es bueno que lo haya hecho, pues con ello concientiza a algunas personas que creen que los peloteros "se los ganan fàcil".
Empero, es justo reconocer que la carrera de un beisbolista es una  de las màs sacrificadas de cuàntas existen. Antes de llegar a ganar los millones de dòlares que unos pocos pueden darse el lujo de ganar, deben pasar por una tumultuosa  y larga estadìa por, primero por las escuelas de bèisbol, y luego, tras ser firmados, por las ligas menores de la organizaciòn a la que pertenezcan.
El juego de bèisbol es una una especie de sacerdocio para quien lo toma como profesiòn. Es un deporte que requiere de grandes sacrificios, de una consagraciòn y disciplina extremas. Desde luego, si es que se quiere llegar a ser alguien, alcanzar el èxito en esta dura disciplina.
Y desgraciadamente, son muy pocos los que pueden saborear las mieles del triunfo, los que pueden llegar a Grandes Ligas, establecerse allì y consecuentemente colocarse en el estrellato, pues una inmensa mayorìa, aùn con el talento suficiente para llegar, suelen quedarse a mitad del camino, otros ven esfumarse sus nombres en el anonimato pràcticamente iniciadas sus carreras, por diferentes causas que no vale la pena citar en este escrito. Esa es la dura realidad del jugador de bèisbol. PARA QUE LO APRENDAS O LO RECUERDES:En 1904, Jack Chesbro logrò ganar 41 juegos, con lo cual estableciò una de las marcas màs difìciles de romper para una temporada en Grandes Ligas. !Suena la campana!!Climmp!


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