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Domingo Hernández

Rincón Deportivo

Domingo Hernández | dhernandez@lainformacion.com.do

Conmoción…

Kobe Bryant, derecha, junto a su hija también fallecida.


  • Domingo Hernández | 27-01-2020

Ninguna otra noticia en el ámbito deportivo causó más impacto el pasado fin de semana que la muerte de Koby Bryant.

Bryant falleció el domingo pasado junto a ocho personas más en un accidente de helicóptero, incluida una de sus hijas de 13 años de edad.

Su deceso, incluso, de algún modo restó interés al sexto partido de la final del béisbol otoño-invernal que enfrentó a los Tigres del Licey y a los Toros del Este, aún cuando el Estadio Quisqueya-Juan Marichal estaba llenó, pero de lo que se habló, en sentido general, fue de esa dolorosa tragedia.

Esa abrupta muerte de Bryant y sus acompañantes trascendió más allá del deporte, pues, inclusive, quienes no son aficionados a esta actividad, la lamentaron profundamente.

Ni hablar de quienes siguieron su carrera de algún modo u otro, los cuales también quedaron conmocionados. El mundo lloró la partida de este ícono del baloncesto apenas a sus 41 años de edad,  cuya grandeza no sólo se limitó a la cancha, sino que se extendió a lo personal.

Esto así, porque quienes le conocieron y tuvieron el privilegio de tratarlo destacan su buen corazón, su bondad, desprendimiento  y sobre todo el ejemplo que fue como padre y esposo. Bryant fue un hombre de familia, y eso habla muy bien de su calidad personal.

Dentro del deporte lo logró todo en sus 20 años de actividad en la NBA –premio de Más Valioso, varios anillos de campeón con su equipo de siempre, Los Angeles Lakers, innumerables récords dentro de la cancha e incluso un Oscar  por el corto animado  “Dear Basketball”, entre muchos otros-. Fue,  sin discusión, toda una celebridad, que consagró su vida al baloncesto, ejemplo de profesionalismo y entrega, a lo que unió su innato talento para la práctica de este deporte. Y ese tipo de atleta, fenómenos que nacen cada cierto tiempo y que con su participación estelarizan toda una época, nunca mueren. Su recuerdo será eterno  entre los cientos de millones de aficionados que tuvieron la dicha de verlo en acción. ¡Paz a sus restos!

Serie final…

Tal y como se esperaba, pese a que  los Toros salieron favoritos, la serie final ha llenado las expectativas.

Ha sido un enfrentamiento bastante reñido de principio a fin, en donde ambos equipos han demostrado su enorme potencial.

Los Toros, sin embargo, no han estado a la altura esperada. Su defensa e incluso su bateo, muy en especial el situacional, han dejado mucho que desear.

De hecho, algunos de sus jugadores claves se han presentado muy por debajo, respecto a lo que exhibieron en la serie regular y el round robin o Todos contra Todos.

En ese sentido, cabe citar como ejemplos, los casos de Jordany Valdespín, Abraham Almonte e inclusive el  propio Peter O’Brien, quien, sin tomar en cuenta el séptimo  juego de anoche - esto se escribe antes-,  tampoco ha estado en su tope habitual como jugador. Todo lo contrario ha ocurrido con los Tigres, cuya defensa y ofensiva han respondido. De todas formas, aún cuando no han sido los mismos, los Toros se mantienen en pelea y la serie no ha defraudado, si se juzga de manera justa lo acontecido hasta ahora. Ya veremos. PARA QUE LO APRENDAS O LO RECUERDES:En la temporada correspondiente a 1971-1972, las Aguilas Cibaeñas impidieron que los Tigres del Licey lograran tres campeonatos nacionales en forma consecutiva, al vencerlos en ocho partidos y conquistar una nueva corona. Las Aguilas venían de llegar en tercer lugar en la serie regular y ese año contaron con la gran ofensiva de Charlie Sands y Adrian Garret, dos grandes refuerzos, además del poderoso bate del  nativo  Winston –Chilote-Llenas. ¡Suena la campana! ¡Climmp!


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