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Wen Guillen y Los Panfleteros de Santiago


  • Redacción | 03-08-2020

1.- Postergué durante veintiún años referirme al tema, queriendo evitar mayores tribulaciones  a una madre como Telma Gómez,  para quien su amadísimo hijo Wen  siguió siempre viviendo en su corazón, lacerado por profundas y sangrantes heridas con su abrupta desaparición.

2.- Pero es ya la hora de lanzarse al rescate de este descomunal héroe nacional –mártir a sus veinte años- que se llama Wenceslao Guillen Gómez (Wen Guillen), cuya memoria ha querido ser mantenida, al igual que muchos otros que cayeron  en la lucha antitrujillista, en el más recóndito de los anonimatos por los beneficiarios y continuadores de ese régimen de oprobio conocido como Era de Trujillo.

3.- En un artículo reciente, el doctor Negro Veras, integrante de ese grupo de jóvenes  y valientes intelectuales que se nucleó alrededor de la figura aglutinante de Wen Guillen, y a cuyo valor sin límites, al igual que muchos otros, debe la vida, rompió el silencio ponderando  una serie  de cualidades  y virtudes del desaparecido líder y algunos detalles de su lucha infatigable por derrotar la tiranía.

4.-Ese artículo me incentivó a producir el presente, en el cual revelaré los rasgos más sobresalientes de la actividad revolucionaria de Wen y parte de los episodios terroríficos que padeció en las ergástulas del déspota, hasta caer vilmente asesinado por sus sicarios. Episodios que deben ser conocidos por la presente generación que hoy disfruta de un ambiente de libertades públicas inexistentes en esa época, que ignora la magnitud de las inenarrables crueldades utilizadas por los funestos esbirros al servicio de esa oscura noche de nuestra historia,   para acallar las voces  de quienes se levantaron  valientemente para enfrentarla, y convertir la República Dominicana   en una nación verdaderamente libre y democrática.

5.- Wen se distinguió desde temprana edad en los círculos estudiantiles del Liceo Secundario de Santiago, por un inusitado y tesonero afán de superación intelectual  que escapaba  a la situación imperante a mediados  de la década del cincuenta. En su mirada penetrante reflejaba una inteligencia y madurez poco comunes en un púber. De  extracción humilde, debió conformarse con los libros que encontró a su alcance en la biblioteca  de la “Sociedad Amantes de la Luz”, donde se convirtió en  asiduo lector, de libros políticos de Vargas Vila, y hasta una vieja edición  que había del Capital, de Max, el cual dejó marcado al caer prisionero. 

6.- Su pensamiento político era de una claridad y conciencia increíbles para el momento incierto que le tocó vivir,  llegando al convencimiento que solo desde dentro  se podía hacer  la revolución, contrario a la vana  ilusión de otros que soñaban   con las armas que “iban a ser arrojadas a los patios desde el aire”. Las armas están aquí, las tienen ellos mismos, y solamente tenemos que prepararnos para aprender a quitárselas, solía expresar a sus íntimos. Por eso prefirió formar su propio grupo de noveles  y confiables futuros combatientes, al  cual bautizó con el nombre de “Unión  de Grupos Revolucionarios Independientes, (UGRI)”, aunque no por eso dejó de mantener contacto con el Movimiento “14 de Junio”, a través del padre Cruz Inoa y de Cayeyo Grisanty.

7.- Se trazó un plan de acción que consistía de varias fases, empezando con el desarrollo simultaneo de la capacidad física a través del ejercicio y la adquisición de conciencia política por medio del  estudio. Sostuvo la tesis de que se debía ir minando paralelamente la estabilidad del régimen, mediante progresivas acciones de propaganda y sabotaje, las que puso en marcha inmediatamente con la colocación de letreros de  “Abajo Trujillo” en las paredes de escuelas y calles. Para la noche de inauguración del campeonato de pelota del año 1959, organizó su grupo para la distribución de grapas en las vías públicas de mayor tránsito, y así boicotear el acto de apertura, que acostumbraba aprovechar Trujillo para promover sus cacareados “paz y bienestar”. A finales de ese año, ya nos transmitía  las enseñanzas que, sobre la fabricación de bombas, predicaban por la radio los exiliados dominicanos desde Cuba y Venezuela, y empezamos a acumular pólvora en la casa de Enrique Perelló en el barrio El Ejido.

8.- Ese mismo diciembre, conocedor de mis habilidades artísticas y manuales, me tenía ocupado en el sótano    de su casa en la calle General Valverde, en la confección del clisé que serviría para imprimir los volantes con que inundaríamos las calles de Santiago a principios de 1960, cuya distribución, ajena a los planes del 14 de Junio, significó, no tan  solo la captura de nuestro grupo, sino que desató la redada contra los miembros de ese movimiento.

9.- Fue el contenido de la literatura de esos panfletos, acción que determinó el sobrenombre de “Los Panfleteros de Santiago” a nuestro grupo de UGRI, lo que realmente provocó “la condena a muerte” por Trujillo, de todos sus participantes. Estaban impresos en ambas caras de la mitad del papel  81/2 x 11, con la siguiente proclama en el   lado frontal: “¡Viva la Revolución!”,  ¡Abajo el Tirano! ¡Libertad o Muerte!, UGRI, y en el reverso, una sentencia que  “el jefe” no podía perdonar: “Con perdón de la expresión, Trujillo es una Mierda.

10.- Ya en La 40, Wen se destacó frente a sus torturadores, de la mayoría de los jóvenes que iban cayendo prisioneros, por su valentía y extraordinaria capacidad para resistir el dolor, y su firmeza para enfrentar los interrogatorios manteniendo sus posturas. Sentado en la silla eléctrica, y viendo sus captores que no había forma  de arrancarle una confesión que delatara a sus colaboradores, puesto que sostenía que había trabajado solamente con los pocos que ya se encontraban detenidos, uno de los esbirros pidió que le trajeran el cuchillo de la cocina,  y cuando procedía a clavarlo en su escroto para arrancarle los testículos, un compañero que observaba frente a él  esta malvada operación, y quien había resistido previamente los corrientazos, ya que  trabajaba como liniero en la Compañía de Electricidad, no pudo resistir tan macabro espectáculo, y gritó: “Wen, te vas  a dejar matar, Déjenlo, que yo voy a hablar.

11.- Por este y muchos otros  gestos de valor los matones a sueldo de La 40 le apodaron   “el célebre Wen”, así le hacían llamar de la solitaria para cada interrogatorio. Recuerdo su figura desafiante, aunque encorvada por los tantos golpes recibidos, desnudo y esposado al frente, al instruirme en la sala de tortura, de cara al escritorio del abogado: “Escribe tu declaración tal cual  te estoy  diciendo, cuidando de no involucrar a nadie más, leela bien antes de firmarla, no te vayas a manchar pidiéndole perdón  al hijo de puta ese.

12.-  O luego, en las solitarias del sótano del Palacio de la Policía, a las que fuimos trasladados catorce de nosotros, la madrugada del 21 de enero de 1960 desnudos en una guagua celular, enseñándome a fabricar un tipo de bomba de  tiempo que me dijo le transmitió Manolo, y haciéndome jurarle continuar la lucha, pues ya tenía una clara convicción: “A todos nosotros nos van a matar, y tú  eres quien tiene las mayores probabilidades de sobrevivir, de manera que tienes que hacerte cargo”. ÉL tenía entonces veinte años y yo quince.  

13.- No sé exactamente cuál noche  le tocó a Wen, pero entre el 25 y 29 de ese mes de enero, pude percatarme de cómo nos fueron procurando en pequeños grupos los calieses del SIM, para el regreso a La 40, y luego de indescriptibles torturas, inventar cada madrugada, asesorados por expertos exagentes nazis, la forma más cruel de completar la orden  de exterminio  emanada del sátrapa. A uno de los muchachos le fueron extrayendo la sangre con una jeringuilla hipodérmica, para irla derramando en su presencia, en el patio de la cárcel, hasta perder el conocimiento y luego morir.

 14.- Existieron pormenores que todavía me resuelven el estómago, y me hacen asomar las lágrimas cada vez que los reedita mi memoria, tan desagradables, que mejor es no contarlos y poder olvidarlos, y si ahora he traído algunos a colación para honrar la memoria  de ese gran luchador y héroe nuestro que se llama Wen Guillen, ha sido porque considero que, por duro que haya sido, nuestras juventudes de hoy no deben  ignorar las atrocidades cometidas por los secuaces de la funesta Era de Trujillo, para  que no permitan que nuestro país regrese jamás a épocas de tanto oscurantismo, de  conculcación total de las hermosas libertades públicas que hoy disfrutamos, y no se dejen confundir por los eternos apologistas del trujillismo, charlatanes tumbapolvos e inescrupulosos lisonjeros, defensores de esa nauseabunda manera de pensar y hacer  las cosas que Trujillo nos dejó  como una lacra, y que  hoy, gracias a Dios y a visionarios como Wen Guillen, ya  hemos superados bastante . Escorias humanas que aplaudieron  públicamente  la muerte de un hijo por  “traicionar al Jefe amado”, mientras entregaban la más hermosa de sus hijas al disfrute de sus caprichos sexuales. Por suerte ya mucho se han ido al  “cielo” y los que quedan van cuesta abajo hacia el ocaso.

15.- Debemos continuar rescatando del anonimato a nuestros verdaderos héroes y mártires, dando a conocer su ideario, su trayectoria de lucha y afanes revolucionarios, reconociéndoles como nuestros únicos prohombres acreedores de honrar con sus nombres nuestras escuelas, plazas y calles principales, desplazando muchos falsos ídolos de barro que hoy ocupan esas posiciones señeras, aupados por los panegiristas y adulones, y que son más bien merecedores del escarnio y el olvido del pueblo. Loor a Wenceslao Marcial Guillen Gómez. (WEN GUILLEN)

Este artículo fue publicado en el periódico  El Sol, de fecha 5 de febrero de 1981,  y reproducido en el libro Los Panfleteros de Santiago y su desafío a Trujillo, desde la página número 93 hasta la 98; y editado por La Comisión Permanente de Efemérides Patrias, en el año 2007. 

 Por Manuel Bueno


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