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Preservación de las bibliotecas y la cultura clásica


  • Lennys Tejada Betancourt | 20-02-2020

En la antigua Grecia el libro y las bibliotecas alcanzaron un gran desarrollo. Las bibliotecas adoptaron formas que pueden considerarse como antecedentes de las actuales. La escritura griega, derivada del alifato semítico, permitió generalizar en cierta forma el acceso a la lectura y al libro y que aparecieran, por primera vez, bibliotecas desvinculadas de los templos. 

El período helenístico fue el del nacimiento de grandes bibliotecas legendarias, como la Biblioteca de Alejandría o la de Biblioteca de Pérgamo, que se crearon con la voluntad de reunir todo el conocimiento social de su tiempo y ponerlo a disposición de los eruditos. Ya en los tiempos medievales, durante la invasión de los bárbaros, la biblioteca, depósito de la cultura clásica, grecorromana, vivió el peligro de la extinción. Incluso algunas de ellas fueron arrasadas y quemada. 

En esos días de invasión, guerras y crisis, fueron los mojes de los monasterios de la Edad Media quienes salvaron de la desaparición y destrucción todo el saber de los griegos y romanos.

Aunque lamentablemente muchos escritos se perdieron, sin embargo, la Iglesia Católica quien se ocupó de preservar libros y documentos de importancia para nuestra civilización. Pero no todos los monasterios copiaban los mismos textos. Unos se ocupaban de determinadas materias y otros de unas distintas. De hecho, tampoco se redujo todo a un mero copiar. Muchos clérigos rescataron lo que de bueno y verdadero había en los escritores paganos. De esta manera, algunos monasterios destacaron por el conocimiento que sus miembros tenían en determinadas ramas del saber. 

Se recuperaron de un plumazo textos que de otro modo se habrían perdido para siempre. Al esfuerzo de estos monjes le debemos la conservación de libros tales como: los Anales e Historias de Tácito, El asno de oro de Apuleyo, los Diálogos de Séneca, De lingua latina de Varro, De aquis de Frontino y treinta y tantos versos de la sexta sátira de Juvenal que no figuran en otros manuscritos.

La labor de copista no era sencilla. Una transcripción final en el comentario de San Jerónimo sobre el Libro bíblico de Daniel. Ahí, el copista agrega unas líneas que roban nuestra simpatía. Dice el copista: “Tengan a bien los lectores que empleen este libro, no olvidar, se lo ruego, a quien se ocupó de copiarlo; fue un pobre hermano llamado Luis que, mientras transcribía este volumen llegado de un país extranjero, hubo de padecer el frío y de concluir de noche lo que no fuera capaz de escribir a la luz del día. Mas Tú, Señor, serás la recompensa de nuestro esfuerzo”. A monjes como a Luis y a las escuelas y bibliotecas dependientes de las catedrales debemos el gran cuerpo de literatura griega y latina que ha sobrevivido hasta hoy. 

Ya en el siglo VI, Casiodoro (496-575) es un destacado ejemplo de cómo la antigua tradición del saber se refugió en el monasterio; y las escuelas, bibliotecas y escritorios monásticos se convirtieron en los órganos principales de la cultura intelectual en Europa occidental. En cada monasterio había un scriptorium (escritorio) para copiar códices y también una biblioteca. Algunos monasterios destacaron por sus conocimientos en determinadas ramas del saber. Así los monjes de san Benigno de Dijon impartían conferencias de medicina; el monasterio de saint Gall tenía una escuela de pintura y grabado. En ciertos conventos alemanes, se daban conferencias en griego, hebreo y árabe. Montecassino, la casa madre de la Orden benedictina, experimentó en el siglo XI un resurgimiento cultural calificado por muchos autores como el acontecimiento más espectacular en la historia de la erudición latina del siglo XI. Los monjes, hablando en general, eran los más cultos de su tiempo.

La labor de los monjes resultó decisiva para la Civilización Occidental. No era su intención realizar grandes hazañas de la civilización europea, aunque con el pasar del tiempo, tomaron conciencia de la tarea para la cual parecían haber sido llamados.

Tomado de mi libro: Aportes de la Iglesia a la humanidad


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