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Fake news: jugar con la verdad

Lissette Muñoz Parache.


  • Lissette Muñoz Parache | 29-07-2019

Hoy en día, internet lo ha puesto de nuevo en boca de todos, y es que me pregunto: ¿será que el fin justifica los medios? Para Nicolás Maquiavelo no fue una interrogante, sino más bien, una afirmación.  
   
El uso del término inglés "fake news" (noticias falsas), se ha multiplicado en estos últimos años en los medios de comunicación. Podríamos definirlo como información falsamente descriptiva que busca manipular a la audiencia sin importar su propósito.        
Detrás de estas palabras se  esconde una vieja práctica que se usaban en algunos panfletos y publicaciones del siglo XVIII y XIX, donde difundían informaciones no siempre verificadas.
   
En ese sentido, el Diccionario Oxford señaló que la palabra del año 2016 había sido post-truth, que en castellano es posverdad. Según la RAE, la posverdad se define como la distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales.

DEMOS UN FLASHBACK A SU ORIGEN…   
En el mito de la Caverna de Platón, el famoso filósofo griego planteaba que: “La verdad es independiente de nuestras opiniones, que estará siempre ahí aunque nadie crea en ella. Es una visión muy idealista sobre lo que existe”.
   
En el Antiguo Régimen (en Francia), se pueden considerar los libelos─ libros pequeños con textos de carácter satírico, insultante, o difamatorio─  que estaban escritos por autores que criticaban al Antiguo Régimen con el fin desestabilizarlo.
Es probablemente en Estados Unidos, a finales del siglo XIX, que el término actual de fake news, surge estima el periodista estadounidense Robert Love, en la Columbia Journalism Review.

FAKE NEWS POR DOQUIER
Pero es en otoño de 2016, durante las elecciones en Estados Unidos, cuando el uso de la expresión prolifera, si se tiene en cuenta el número de búsquedas en Google de la palabra clave "fake news".

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, emplea el término, escrito en mayúsculas, en muchos de sus tuits, unas 40 veces en 20 semanas, según un recuento.
   
Y esto se evidencia  con la mencionada jefa de la campaña de  Donald Trump, Kellyanne Conway, que justificó las barreras interpuestas a los ciudadanos provenientes de países de tradición musulmana que querían entrar en los EE.UU., indicando que dos refugiados iraquíes habían estado involucrados en la matanza de Bowling Green. La matanza de Bowling Green no ha existido.
  
Todo esto responde a los nuevos hábitos de lectura que surgieron a partir del consumo de noticias en formatos digitales y, especialmente, en celulares y smartphones. En EE.UU., hay estudios que muestran que un 59% de los posteos compartidos nunca se abren. Y se comprobó en un gracioso experimento, una nota falsa titulada: “La NASA confirma que la marihuana contiene ADN alienígena de otro sistema solar”, generó más de 140.000 compartidos.
   
Twitter descubrió que casi 37.000 cuentas automatizadas con enlaces rusos generaron 1,4 millones de tuits que podían ser vistos por 288 millones de personas en los tres meses previos a los comicios del 8 de noviembre de 2016.
   
Facebook señaló que unos 126 millones de usuarios estadounidenses pudieron haber visto historias, publicaciones u otro contenido de fuentes rusas.
  
 Los gigantes de la internet, en sus testimonios, mostraron que millones de estadounidenses fueron expuestos a información falsa generada por Rusia, según analistas para provocar discordia en la sociedad estadounidense y promover la candidatura de Trump frente a su rival Hillary Clinton. De esta manera se crean y germinan las noticias falsas, algo que se viraliza muy fácilmente a través de las redes sociales.

¿Y EN REPÚBLICA DOMINICANA?   
Nuestro país no escapa ante las consecuencias de impacto que este fenómeno produce actualmente en las democracias. La reputación de empresas y personas, se ve afectada diariamente por las redes sociales. Fuimos espectadores de la premiere del caso de David Ortiz, donde se manipuló información desde diversos medios, creando incertidumbre y malestar en el pueblo dominicano.
   
Y es que esta supone un emborronamiento de la frontera entre la verdad y la mentira, y crea una tercera categoría distinta a las dos anteriores. Una en la que un hecho, ficticio o no, es aceptado de antemano por el simple hecho de encajar con nuestros esquemas mentales.
   
Es en la comunicación política donde predomina la emoción: manipulación, las medias verdades o las mentiras que construyen una base electoral o una idea política. En ese sentido, en los partidos políticos, lo vemos en las llamadas campañas sucias dentro del proceso electoral, que atentan contra la reputación de la organización política, con la estrategia de promover la indignación en los medios de comunicación y en la salud de la opinión pública, mediante un bombardeo de informaciones que redactan con datos reales y ficticios. Por lo tanto, me pregunto, ¿que tanto influirán las fake news en RD en las elecciones del 2020?

ENTONCES, ¿COMO APRENDEMOS A CONSUMIR CONTENIDO?
Educar e innovar. Tenemos que valorizar nuestros contenidos y aprender a consumirlos, haciendo buen periodismo. La sociedad debe aprender a diferenciar el contenido de un profesional de la comunicación al trabajo de un bloguero. Y para eso los medios tienen que seguir haciendo periodismo de alto vuelo, utilizando todas las plataformas y las nuevas tecnologías de la información para contar historias cada vez más atractivas para la audiencia.   

Teniendo en cuenta la gravedad que puede llegar a implicar la difusión de fake news en la era en la que la emoción predomina frente a la verdad, es importante aprender a reconocer una información errónea antes de divulgarla. Conocer y buscar en fuentes de entero crédito es vital y clave.
   
Medios con alta reputación son los autorizados para hacerles frente. Necesitamos mejores profesionales que inspiren confianza y seriedad, que se ganen a la audiencia con coberturas corajudas y objetivas, aprovechando tanto la tecnología como las históricas técnicas periodísticas. Para evitar vivir en una sociedad menos informada y por ende menos libre, ya que participar en el juego de la verdad nos convierte en marionetas simples y en conejillos de india de un grupo o persona con deseos de afectar o destruir la reputación de una persona, instituciones o en el peor de los casos para crear terror en la sociedad.


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