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Josué Martínez

El Enfoque

Josué Martínez | jmartinez@lainformacion.com.do

Campaña para qué….


  • Josué Martínez | 26-11-2019

La campaña para prevenir la violencia en contra de la mujer, es igual de inoperante que el Ministerio de la Mujer. Es publicidad absurda, un derroche de dinero innecesario que solo sirve para mantener “bien parados” a algunos medios de comunicación. 

Es muy evidente que ningunas de las campañas para advertir que los hombres no deben golpear ni dar muerte a sus respectivas parejas o exparejas, no han tenido resultados; como tampoco lo tendría un aumento de la pena en el Código Penal, porque la condena que el agresor considera más viable es el propio suicidio. Entonces, ¿de qué valdría que se aumentase la pena…? 

El dinero que el Gobierno destina supuestamente para combatir la ola de feminicidios no debería ser malgastado con una invasión de publicidad ineficaz, porque esto no surte ningún efecto en las emociones ni el corazón de los feminicidas egoístas y malhumorados. Todo lo contrario, se ha desatado una ola imparable de femicidios. 

En cambio, si se destinara al incentivo de la educación en general, de la lectura, de programas educativos que vayan acorde a la realidad social y a la cultura del pueblo dominicano, las estadísticas quizás podrían ser esperanzadoras. Pero no es verdad que inyectando grandes millones de pesos en los periódicos, la radio, la televisión y medios digitales, el Gobierno va a conseguir que esto disminuya. Ahí los únicos ganadores serían los propietarios y dueños de medios, no así el colectivo.

La publicidad para contrarrestar la violencia machista es un fiasco, y las autoridades y  organizaciones feministas lo saben, no obstante siguen insistiendo en echar toda el agua del mar en un pequeño envase. Todo esto es inútil. 

Duele decirlo, pero el Gobierno y los grupos feministas están perdiendo su tiempo. El machismo es parte del subdesarrollo. Una de la soluciones para que los hombres dominicanos no maten a las mujeres puede ser con un cambio en la formación y mentalidad de cada individuo como ser humano, que empieza con la educación, la lectura, la formación espiritual y religiosa, y sobre todo, la tolerancia.

Ningún individuo es dueño de otra persona y nadie debe ser sometido a esclavitud. Esta es una generación perdida cuya tendencia machista tal vez podría ser superada si la familia en sí retoma ciertos valores que la tecnología y la modernidad nos han arrebatado; de lo contrario, podrían imponer la pena capital y muchas más seguirán cayendo como moscas envenenadas. 


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