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Frustración y falsía

ACTUALIZADO 18.05.2017 - 7:21 pm

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Hoy es el día esperado por la ciudadanía para conocer la lista de los funcionarios y políticos que fueron sobornados por la empresa brasileña Odebrecht. La expectativa será seguida por la frustración colectiva, si consideramos que, al hacer el anuncio de la llegada de los documentos desde Brasil con la esperada información, el Procurador cambiando de parecer anunció que los nombres de los sobornados se conocerán cuando sean sometidos a los tribunales. Mientras tanto no habrá nombres el día 19.
  
La fecha, sin embargo, se convertirá en un hito referencial que simbolizará la lucha entre las dos fuerzas que se disputan la atracción de la población. Primero, las fuerzas del poder, cuyos gobiernos en un momento determinado decidieron asociarse con el consorcio empresarial brasileño, cuya estrategia hoy se conoce a nivel internacional y que consistiera en atraer a ciertos funcionarios públicos ligados a la aprobación y ejecución de las grandes obras públicas, ofertando sobornos a cambio de su adjudicación, así como  financiamiento para las campañas electorales para los políticos que se integraran al esquema de penetración y control de los mercados, con lo cual las multinacionales brasileñas desplazaban a las multinacionales competidoras a nivel global, violando las normas del comercio internacional impuestas por la Organización Mundial del Comercio.
   
Segundo, con el descubrimiento de esa trama comercial y política, y atrapada la Odebrecht tanto en Brasil como en los EE.UU, dicha multinacional tuvo que declararse culpable de haber sobornado a funcionarios de unos 12 países, incluyendo a la República Dominicana, lo que dio lugar a un sacudimiento de conciencia en la población que ha derivado en la compactación de las fuerzas que integran la “Marcha Verde”, las cuales han asumido como propósito ponerle “fin a la impunidad y a la corrupción”, enfrentándose en las calles a las fuerzas del gobierno, que de forma torpe y sorprendida se han colocado como protectoras y defensoras de la “pecaminosa” empresa brasileña, a través de una campaña en defensa del proyecto de Punta Catalina, donde se confunde la factibilidad y bondad técnico-económica del proyecto, con la ilicitud cometida por la Odebrecht.
    
De esa forma el conflicto político ha devenido en una dialéctica donde se enfrentan las dos fuerzas que determinan la estabilidad del régimen: las del gobierno con todo el poder fáctico del Estado y de la economía, colocadas como afirmadoras de “la impunidad y la corrupción”; y las fuerzas del “movimiento verde” que asumen como banderas la negación de la “impunidad y la corrupción”, pero sin una propuesta alternativa clara del escenario futuro al que aspiran. En esa dialéctica las fuerzas absolutistas del sector oficial definen como línea estratégica el “continuismo”, mientras las fuerzas civilistas por la democracia se identifican por “el cambio”.
   
Son los dos términos que definen esa confrontación dialéctica, “continuidad y cambio”, que deberá resolverse mediante una síntesis con dos posibles escenarios futuros: o el afianzamiento de una “nueva dictadura”, si el imperio lo permite; o el retorno al sendero por “la democracia”, si el imperio lo auspicia.

¡De la frustración del 19, se debe pasar a aclarar el futuro!



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