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Editorial

Hipertrofia económica

ACTUALIZADO 11.05.2017 - 5:41 pm

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El Banco Central como es habitual ha anunciado que la economía sigue creciendo y para el primer trimestre del año la tasa de crecimiento se mantuvo en un 5.5%, lo que hace presagiar que para todo el año el país encabezará junto a Panamá el mayor crecimiento económico entre todos los demás países de la región latinoamericana. La información llena de satisfacción a las autoridades políticas, las cuales han abrazado la estrategia de la globalización neoliberal que señala como finalidades de la economía la tasa de crecimiento y la estabilidad macroeconómica, obviando los problemas de la pobreza y la desigualdad y la violación a los límites ambientales del crecimiento inherentes a dicha estrategia de la globalización.
   
En el caso dominicano esa estrategia se ha implementado con elevada eficacia, pero acompañada de otros fenómenos económicos menos promisorios como son el galopante endeudamiento interno y externo, los sistémicos déficits fiscales, la dilapidación y malversación de los fondos públicos como consecuencia de una gobernabilidad que se estabiliza mediante la hipertrofia de la burocracia por efecto del clientelismo, unido a una megacorrupción a su vez consecuencia del fenómeno de la distorsión de la función pública, la cual se ha privatizado por efecto de la conversión de la política como negocio.
   
Esas distorsiones de la economía y la política dominicanas han despertado la preocupación de un sector representativo de los economistas, quienes señalan como desafíos de los gobiernos los objetivos de detener el endeudamiento y al mismo tiempo mejorar  los ingresos y los gastos. Se señala que la deuda pública alcanza ya el 50% del PIB equivalente a US$35,189 millones a julio de 2016, de la cual US$10,000 millones corresponden al Banco Central. Establecen que la deuda pública ha entrado en un sendero de insostenibilidad, porque la carga del servicio de esa deuda consume gran parte de los ingresos tributarios, lo cual junto a los gastos excesivos por el clientelismo, limitan la conversión de la economía en una más competitiva y generadora de empleos, de modo que llegue no solo crecer con estabilidad sino que genere prosperidad en beneficio de una  población que empobrece con el “progreso”.
   
Los economistas y la clase empresarial han sostenido la creencia de que una estrategia nacional para el desarrollo, debe elevarse al plano de la racionalidad, sobre la base de detener la peligrosa tendencia al endeudamiento y aplicar una política racional en el gasto, que reduzca o al menos haga más eficiente el gasto público, al tiempo que del lado de los ingresos se haga un uso más racional y equitativo, reduciendo la evasión y elusión fiscal. Sin embargo, un modelo de economía racional choca con una economía administrada según la estrategia de gobernabilidad que impone la irracionalidad de la “partidocracia clientelar”, cuya dinámica resulta dispendiosa en el uso de los recursos públicos. Por esa razón se requiere de un modelo transicional que viabilice la racionalidad en la política económica de los gobiernos, que vaya desmontando esa “partidocracia clientelar”, al tiempo de impulsar con el ahorro una economía más competitiva y mejor distribuidora de la riqueza.

¡Ese es el mayor desafío a la economía inteligente!


1 comentario(s)


  • 1

    George Leonel Salcé

    12.05.2017 - 7:49 am

    Cuanta racionalidad expuesta en este editorial frente a tanta irracionalidad distribuida en todos los estamentos de un estado que navega viento en popa en el turbulento océano de la hiper corrupción.


Le restan 1000 caracteres.

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