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Editorial

Mensaje inquietante

ACTUALIZADO 09.05.2017 - 9:08 pm

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El caso del “Peregrino” de Moca, activista social integrado al movimiento de la “Marcha Verde”, encierra un mensaje político de preocupación. El país político se había acostumbrado a un estado de estabilidad sociopolítica caracterizado por la inmovilidad de la protesta social, reduciéndose la misma a protestas puntuales en función de reivindicaciones comunitarias y algunas laborales en casi toda la geografía nacional. Por su parte, el Gobierno se ha conformado con aplicar a fondo los mecanismos de la partidocracia clientelar, repartiendo el pastel presupuestal entre sus aliados y favorecidos, mediante una estrategia derivada de la cultura política tradicional del patrimonialismo de Estado. De esa forma se fue logrando un equilibrio estable y el Gobierno ha podido navegar sin mayores consecuencias.
    
Al haber decidido los gobiernos dominicanos desde décadas pasadas asociarse al esquema brasileño del “Lava Jato”, al igual que otros tantos gobiernos de la región, con el escándalo de la Odebrecht se inicia un proceso interno de descrédito que se ha traducido en un debilitamiento de su legitimidad y en una caída de la popularidad y favorabilidad de la que había gozado el actual gobernante dominicano, según encuestas privadas recientes.   
   
Es en ese contexto que emerge el despertar de la conciencia ciudadana, motorizando la movilización que contra la “impunidad y la corrupción” ha protagonizado la “Marcha Verde”,  sacudiendo el estado de estabilidad en la que se ha desempeñado cómodamente el grupo gobernante. La deslegitimación del grupo de Gobierno y el levantamiento del Movimiento Verde, crean una nueva situación política de un mayor nivel de riesgo social, todo porque la operación “Lava Jato” está en manos de intereses externos incontrolables.  
   
En esa situación de relativo dislocamiento, un grupo de funcionarios civiles y militares trama un plan de descrédito de líderes clave de la “Marcha Verde”, con el propósito de debilitar el movimiento y reducir así el riesgo social y político que podría significar la expansión de dicho movimiento. La trama se ha develado con el abortado apresamiento del “Peregrino” de Moca, hecho que conmocionara la comunidad nacional y en especial a esa localidad cibaeña, y que puso de manifiesto una voluntad política oficialista que se retrotrae a los tiempos tiránicos de Trujillo o autoritarios de los 12 años de Balaguer.
   
La metodología descubierta, utilizando una trampa ilícita como colocarle un paquete de droga para justificar el apresamiento y encarcelamiento del líder comunitario, más bien ha generado un clima de rechazo y repugnancia que arroja un balance negativo para las fuerzas oficiales y positivo para el movimiento verde, colocado como víctima de una causa oficial que se desacredita aún más al recurrir a esa metodología represiva. Si al descrédito que encierra el caso de la Odebrecht, se le adiciona el detestable componente de la tradicional represión, el saldo negativo podría acelerar la deslegitimación del grupo gobernante, pese al gran poder fáctico y monopólico de que dispone actualmente.  
   
Esa estratagema, en consecuencia, merece ser revisada y modificada de acuerdo a las posibilidades que determina el marco institucional democrático formalmente vigente.

¡Por el viejo camino de la tiranía no es! 


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