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Odebrecht y el pesimismo

ACTUALIZADO 20.03.2017 - 6:46 pm

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La naturaleza internacional de la trama comercial de la Odebrecht y a la cual se inscribió e integró el país, es lo que hace pensar en un impacto local que podría favorecer la emergencia y fortaleza de un movimiento anónimo y sin rostro que ha nacido fundamentalmente de las clases medias, como es el denominado “Marcha Verde”, el cual ha definido como finalidad combatir la impunidad contra la corrupción. El éxito de las actividades de esa movilización, hasta ahora y en buena parte, se origina en la gran legitimidad fáctica que potencia el enjuiciamiento internacional de la trama brasileña.  
   
Sin embargo, en nuestro país se levantan voces autorizadas que dudan sobre la efectividad del “movimiento verde” y sobre lo que ha de hacer la Justicia dominicana con el caso de la Odebrecht. Frente al gran poder establecido y su capacidad de manipulación, surge el pesimismo tradicional, como el que expresara el expresidente de la SCJ, Jorge Subero, quien cree que “aquí no pasará nada y todo seguirá igual”, o el expresado por el Obispo Masalles que cree que “la lucha contra la impunidad está perdida”.
   
Ese pesimismo hay que interpretarlo como fruto de un profundo entendimiento que reconoce que en el país se mantiene una tradición autoritaria, consecuencia de modelos de gobiernos oligárquicos que han logrado la estabilidad y el “continuismo” ejecutando una gestión con dos resultados: el control de todas las fuentes del poder político del Estado; y para sus allegados y/o funcionarios apropiación de buena parte de los recursos públicos, convirtiéndose en parte de la clase gobernante y dominante, con lo cual se establece una dominación de largo plazo necesariamente de corte antidemocrático.
   
Establecida esa poderosa metodología del poder, los gobiernos logran no solo inmovilizar a la población, sino debilitar a la oposición comprándola o desintegrándola, hasta el punto de que se llega a un estado de ánimo pesimista que no cree en la movilización liberadora y que se resigna frente a la dominación establecida. Ese es el riesgo y el gran reto del “movimiento verde”, el cual tendrá que basar su efectividad en el adecuado entendimiento conceptual de la presente realidad nacional y en la instrumentación de una estrategia que asuma como objetivos: deslegitimar la dominación antidemocrática establecida; y desmantelar el control político de los órganos del Estado que integran el régimen electoral y de las altas cortes. Esas son las condiciones requisitos funcionales para fortalecer el “optimismo democrático” contra el “pesimismo oligárquico” y viabilizar el restablecimiento del sendero perdido que conduzca a la democracia dominicana.
  
El “movimiento verde” no constituye una trama. Es una reacción necesariamente política frente a una trama del poder establecido, que en su camino por constituirse en clase gobernante y dominante ha seguido la dialéctica materialista del capitalismo que lo ha conducido al control casi total del Estado y a la apropiación “forzosa” del patrimonio nacional, aún en contra de los sectores oligárquicos del país y contra la institucionalidad y moral democrática dominicanas.

¡Qué sepan aprovechar el caso Odebrecht!



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