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Editorial

Presidente y altos mandos

ACTUALIZADO 04.01.2017 - 6:45 pm

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En las últimas dos semanas el Presidente ha convocado al alto mando para tratar asuntos relacionados con la seguridad ciudadana y el estado de pánico, fruto del agravamiento de los fenómenos de la criminalidad y la delincuencia. El desafío a las autoridades y al sistema financiero y comercial hecho por la banda que presuntamente encabezara el joven Percival Matos, en una popular Plaza Comercial de la Capital, fue la gota que llenó el vaso y provocó la ira oficial, desatando una persecución que hasta ahora ha dado como resultados la muerte espectacular del señalado cabecilla de la banda y la captura vivo de su lugarteniente, Brayan Félix, en el kilómetro 22 de la autopista Duarte.
   
Llama la atención que esos dos desenlaces, se produjeron luego de sendas reuniones del Presidente con el alto mando, lo que podría significar que para que la lucha contra la criminalidad y la delincuencia sea efectiva, en este estado de desasosiego y de anomia, se hace imprescindible la intervención directa del Jefe del Estado, en el marco de un régimen político que todavía no supera el carácter de presidencialista. Esa parece ser una lección que hay que aprender. Pero no se crea que con la eliminación y captura de los dos integrantes más señalados como parte de una estructura de violencia y delincuencia, los  fenómenos de la criminalidad y de la inseguridad se debilitarán y amainarán. En estos mismos días se están produciendo asaltos y asesinatos, como el del teniente coronel adscrito a la Guardia Presidencial y otros, que son expresiones diversas del estado de la inseguridad ciudadana en la que ha caído el país. No obstante, con la captura vivo de Brayan Félix, se supone que las autoridades podrán profundizar en la identificación de todos los integrantes de esa red y sobre todo de los supuestos protectores de la misma que se asumen serían altos oficiales de los órganos armados.  
   
Pero además, la situación amerita que el alto mando y el propio Presidente materialicen su voluntad política, estableciendo un plan real y efectivo dirigido a limpiar de antisociales y delincuentes a los propios órganos del Estado, penetrados por las redes de criminales y delincuentes que encuentran la protección de esas áreas institucionales. Asimismo, se hace perentorio un verdadero plan de seguridad ciudadana, que encabece el mismo Presidente de modo que asegure que la voluntad política de combatir la delincuencia se materialice con acciones que reduzcan o eliminen los agentes de la criminalidad. Ese plan podría ser efectivo, si el mismo contempla acciones de prevención y persecución, en coordinación con una efectiva Policía, un Ministerio Público decidido y una Justicia saneada, para que asuman sus responsabilidades como agentes eficaces de la seguridad ciudadana. De igual manera, la efectividad del plan elevaría su sinergia y potencial, si se definen líneas estratégicas de desarrollo económico y social, conectadas con la generación de oportunidades que arrastren y entusiasmen a la juventud dominicana, que le generen expectativas de futuro. El fenómeno de la criminalidad es multicausal y se tienen que atacar integralmente esos factores.

¡Qué se mantengan activados el Presidente y los altos mandos!


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