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Estado, confianza y RD en el 2017

ACTUALIZADO 01.01.2017 - 8:16 pm

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El presidente de República Dominicana, licenciado Danilo Medina, en su mensaje de Año Nuevo expresó el anhelo de que la confianza, el optimismo y la esperanza florezcan durante este año 2017 por el bienestar y la felicidad de todos los dominicanos.
  
La aspiración del jefe del Estado muestra un sentimiento positivo, claro, es lógico que ese sea el discurso de quien conduce los destinos de una nación, porque siempre es alentador que impregne entusiasmo a los gobernados. Valoramos las ideas del mandatario, porque transmiten propósitos que despiertan la fe y la certidumbre de las familias dominicanas.
   
No obstante, la prosperidad no se construye con deseos, sino con realizaciones que den respuestas a las necesidades materiales y espirituales de los seres humanos. Para que la gente sea feliz y viva con dignidad, que es un gran desafío, se requiere de un Estado basado en la estabilidad y el humanismo, porque solo de ese modo habrá paz y justicia social.
   
Como muy bien expuso Aristóteles, filósofo de la antigua Grecia, en la sentencia que reza: “El único estado estable es aquel en que todos los ciudadanos son iguales ante la ley”, es decir, que solo de esa manera es posible asegurar el bien común.
   
¿Responde el Estado dominicano a ese esquema? El sistema político nacional está distante de ese postulado  filosófico, porque unos pocos son privilegiados con la impunidad y a la mayoría se le castiga, incluso en violación a sus derechos consagrados en la Constitución y las leyes adjetivas.
   
Y en el campo de la justicia social la situación es dramática, ya que hay discriminación en la distribución de los bienes y riquezas que se producen en el país, porque unos pocos reciben muchos beneficios y para la mayor parte se reparten “migajas”.
   
También dos o tres ganan salarios que oscilan entre medio millón y dos millones de pesos, mientras la mayoría de servidores públicos devengan sueldos entre siete mil y 15 mil pesos; esa diferencia abismal es indignante.
   
La inseguridad es horrible, pues la población sobrevive atemorizada, porque teme ser atacada por los  delincuentes en cualquier momento, y así no hay tranquilidad.
   
En suma: los dominicanos no pueden desenvolverse en un ambiente de felicidad, ya que sufren los efectos del desempleo, la inflación, la criminalidad, el desorden institucional e iniquidad social.
   
No está de más que se tenga fe y esperanza por un mejor año,  pero hay que conquistar las libertades, porque las mismas no se mendigan, sino que se construyen con  esfuerzos y sacrificios.

“Orfandad espiritual”


El papa Francisco lamenta que las sociedades sean cada vez más “frías y calculadoras” y carezcan de compasión. Para su Santidad, en la humanidad hay “orfandad espiritual”.
   
Este vacío espiritual es preocupante, porque desaparecen virtudes como el amor y la solidaridad y el mundo se hunde en el abismo.
   
Se impone reflexionar a la luz de lo expuesto por el Santo Padre, porque hay que humanizar el comportamiento de la gente y recuperar los valores y el bien de la colectividad.


1 comentario(s)


  • 1

    Pedro Mendoza

    02.01.2017 - 11:08 am

    Lo dicho en este primer editorial, "Estado, confianza y R.D. ...", es muy válido, pues ciertamente la población siente, subjetivamente,una situación de inseguridad que espanta,cosa esta que se acompaña de una injusticia cruel como si fuera su aderezo. Nadie en su sano juicio se opone a que alguien en el Estado disfrute de un jugoso salario, peero siempre y cuando los demás servidores del mismo Estado devenguen salarios razonables y acorde con los niveles de precio imperante y que cubran las necesidades básicas y de recreación de la gente. Por qué ha de haber una diferencia de salario tan enorme entre un senador, un ministro, un funcionario de Bancentral o BanReservas y un policía o el portero de un hospital o el médico de un hospital? Señor Presidente, todos sabemos que le es imposible iniciar una revolución en la estructura económica de la nación, pero bien puede el Gobierno empezar una minirevolución en los sueldos y salarios generales, y mejorar la seguridad de todos


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