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Editorial

Pasos de avance

ACTUALIZADO 09.09.2019 - 7:25 pm

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El país dio este fin de semana dos pasos de avance en el curso que va tomando el inagotable proceso político electoral. Uno fue la preselección del candidato dentro de la facción que lidera el Presidente Danilo Medina, el cual se enfrentará en las Primarias, al expresidente Leonel Fernández.
    
Esa preselección se hizo mediante encuestas cuyos resultados, no dados a conocer, determinaron una mayor favorabilidad para Gonzalo Castillo, el cual agradeció la aceptación de sus aspiraciones como cabeza dentro de  los “delfines” de Danilo.
   
Con esa decisión el PLD se encamina a las Primarias, donde se han de enfrentar las fuerzas danilistas contra las fuerzas leonelistas. Desde ya ambas fuerzas se dan como seguras ganadoras en esa contienda, utilizando un discurso de combate que presagia un fuerte antagonismo, que podría profundizar  la división que caracteriza al partido de gobierno.
   
Ese antagonismo, no obedece solo a razones personales de enemistad entre los líderes de ambas fuerzas, sino, y esto no es bien comprendido, al rol que ambos juegan en el conflicto que se da al interior de la nueva clase política gobernante que ellos mismos han creado, como fundamento social para su larga dominación política.    
   
En ese orden las fuerzas leonelistas encabezaron la primera cohorte de la nueva clase gobernante, mientras que las fuerzas danilistas han encabezado la segunda cohorte, la cual ha calado más profundo en su rol de coordinación del proceso de creación y formación de la clase política gobernante, ampliando su alcance en la apropiación de los recursos públicos y la consolidación del control casi absoluto del Estado.  
   
En ese nivel del conflicto político-económico habrán de jugar un papel decisivo los grandes poderes fácticos que tienen su origen legítimo en la empresa privada, los cuales ven en el conflicto una oportunidad de fortalecer su incidencia en las fórmulas electorales que les aseguren mayores ventajas y estabilidad a largo plazo.
   
Las fuerzas autodenominadas “democráticas” que postulan por el fortalecimiento de la institucionalidad democrática, y para lo cual asumen como lema la “necesidad del cambio”, han quedado fuera o relegadas en el conflicto de clases que protagonizan leonelistas y danilistas. Por eso no atinan a definir estrategias políticas que partan del conflicto, como tampoco proponen  alternativas a la agenda peledeísta en sus dos vertientes dominantes. Por eso la opinión pública considera que esas fuerzas de la “oposición” no desempeñan un rol real de oposición, porque las mismas no asumen posición frente al conflicto, prefiriendo quedarse marginadas.
   
La oposición la  está asumiendo el leonelismo, el cual aspira a desplazar a los danilistas para volver apropiarse del rol de vanguardia en la creación y formación de la nueva clase gobernante y dominante que conduce al país. En ese proceso la selección de Gonzalo Castillo es un paso de avance en el complicado proceso electoral.
   
El otro paso de avance lo ha dado la JCE con el éxito del simulacro de voto automatizado, donde se pudo comprobar la idoneidad del proceso, así como sus fallas y debilidades, las cuales por su  anticipación, pueden y deben corregirse para que se aseguren unas primarias y unas elecciones válidas y legítimas.

¡El panorama avanza en la incertidumbre del conflicto!    


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