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Editorial

Mafia y complicidad

ACTUALIZADO 01.09.2019 - 5:14 pm

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Resulta preocupante  la facilidad con que operan en República Dominicana mafias poderosas, las cuales  ejecutan acciones criminales que se expresan en el narcotráfico, lavado de activos, sicariato, clonación de tarjetas y asesinatos horrorosos.
   
Quienes controlan las redes delincuenciales han permeado estamentos importantes de la sociedad, situación que le permite encontrar a cómplices en instancias que garantizan su operatividad; solo así es posible realizar transacciones ilícitas que envuelven grandes  capitales.
   
Durante 30 años se han detectado estructuras mafiosas, y en todos los casos se ha establecido que los “jefes” tienen duplicidad de cédulas o identidad, carnets del DNI, son prófugos de la justicia nacional e internacional y sus vidas han transcurrido con normalidad; eso revela que tienen soportes en nomenclaturas de poder.
   
Esto explica porque se ha incrementado en el país la producción, fabricación, distribución, comercialización y exportación de diferentes tipos de drogas hacia Estados Unidos y otras naciones.
   
Además, el auge que ha registrado el  lavado de activos, en  vista de que se blanquean capitales multimillonarios, sin que las autoridades correspondientes actúen con efectividad contra quienes manejan esos “negocios turbios”.
   
Secuestros, crímenes por encargo, enfrentamientos entre pandilleros, ejecuciones atroces, entre otros actos crueles que solo se veían  en películas, evidencian que en República Dominicana el crimen organizado se ha implantado con fuerza, debido a que sus promotores han encontrado complicidad en las instituciones que están llamadas a combatir esos hechos abominables.
    
Entre l994 y 2019, es decir, en 25 años, se han arrestado a narcotraficantes y criminales, pero su práctica delincuencial no se ha eliminado, porque cada cinco años aparecen quienes suplantan a quienes han sido apresados o asesinados; en realidad personajes de los mismos grupos sustituyen a quienes caen en el camino.
   
Rolando Florián Féliz, Jesús Pascual –El Chino-  Cordero Matías, Manuel Mesa –El Gringo- Beltré, Quirino Ernesto –El Don- Paulino Castillo y  José  David Figueroa Agosto, figuran en la matrícula del entramado que ha sostenido el narcotráfico por decenas de años.
   
Y ahora aparece  César Emilio –El Abusador-  Peralta,  el  capo del momento, quien se burló de las autoridades por 20 años en operaciones ilegales que se vinculan al narcotráfico y al lavado de activos.
   
También, se descubre una conexión entre los narcos de hoy con los de ayer, porque formaban parte de las redes  criminales que se han tejido por tres décadas, por tanto, se requiere de una política de Estado eficiente  para contrarrestar a los malhechores que siembran la zozobra en el territorio dominicano.
   
Ministerio Público, Policía Nacional, Poder Judicial y los organismos de investigación deben emplearse a fondo y emprender un plan vigoroso contra el crimen organizado, por la paz y la seguridad de la población.
   
Cuando se evalúan los antecedentes con los sucesos del presente, se observa que el denominador común es la complicidad encontrada por los mafiosos en poderes fácticos  y esferas oficiales, porque la impunidad ha protegido su “modus  operandi”.

Es vital ir al fondo de la problemática para erradicar de raíz a los delincuentes de “cuello blanco”, porque la “fiebre no está en la sábana”.



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