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Lucha política o por candidaturas

ACTUALIZADO 19.08.2019 - 7:35 pm

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Dos dimensiones culturales están presentes en el comportamiento de los políticos en conflicto. La dimensión que se deriva de la tradición que define las relaciones de poder en función del modelo de dominación personal típica de los caudillos y que genera un conocimiento común en función de categorías personales y emotivas que confunden el verdadero entendimiento de la realidad política.
   
La otra dimensión proviene de la influencia que viene ejerciendo la estrategia de la globalización neoliberal, la cual profundiza el modelo capitalista y su secuela de valores materialistas centrados en el comercio, el dinero y el consumismo, muy visibles a nivel de las clases medias y hasta en estamentos de las clases populares por su propensión a la vida placentera y acomodada.
  
Bajo esas influencias la política ha sido conducida por el partido de gobierno bajo la concepción patrimonial de Estado y poniendo en marcha una agenda de políticas públicas neoliberal, mucho más acentuadas en la fase que correspondió al dominio del expresidente Fernández, y con matices más sociales y de impacto transformador, durante el dominio del actual presidente Medina, sobre todo, con un más claro propósito de consolidar el dominio de la nueva clase gobernante y dominante.
   
Esos matices diferenciadores en la agenda de Fernández y de Medina, constituyen la raíz del conflicto que acusa el partido de gobierno, el cual atraviesa por una crisis que prácticamente lo mantiene dividido. En ese orden lo que se disputan ambos liderazgos no son simples candidaturas, sino la mayor representación para poder ejercer el rol de coordinador del proceso de formación y consolidación de la nueva clase gobernante y dominante.
   
Eso es lo que se disputan Leonel y Danilo, no son simples candidaturas, y parece que en esa disputa Medina lleva ciertas ventajas al haber profundizado, a través de las políticas públicas de mayor alcance “socialistas”, su conexión con el objetivo de construir la nueva clase gobernante. Por esa razón clasista el danilismo buscará, para las próximas elecciones, alzarse con la mayor cuota de poder fáctico posible a través de un “delfín”, que lo  convierta en el “poder detrás del trono”, y de esa manera no solo mantener un alto control de los órganos del Estado para protegerse de las fuerzas que le adversan dentro y fuera del país, sino proseguir con su proyecto de liderar la  formación y fortalecimiento de la nueva clase dominante que construye desde el control del Estado.
   
Esa lógica clasista es lo que explica, por ejemplo, el incumplimiento del pacto del 2015, y que quedara evidenciado en el continuismo del Presidente del bufete directivo de la Cámara de Diputados y la consecuente derrota del candidato leonelista.    
   
La división del PLD, por lo tanto tiene su origen en el conflicto antagónico en que han caído las dos facciones del partido que se disputan el control del rol de coordinación del proceso de formación de la clase gobernante y dominante.
   
Bajo esa lógica dialéctica se habrán de producir otros nuevos incidentes que sellarán la división del PLD, así como otros eventos tan impredecibles como inesperados, que podrían modificar los escenarios electorales previsibles ahora.

¡Entendamos, pues, la dialéctica de la historia!  


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