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La Restauración

ACTUALIZADO 15.08.2019 - 5:55 pm

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Hoy 16 de agosto del 2019 la nación celebra la fecha de la Restauración, efeméride que marca el surgimiento de la Segunda República, luego de escenificada la guerra restauradora del 1863 al 1865, cuando las fuerzas restauradoras provocaron la retirada del dominio español, al que Pedro Santana había anexado la nación, 17 años después que surgiera la República en 1844, separándose del dominio haitiano.
   
Así como en la independencia se distinguieron los padres de la Patria, Duarte, Sánchez y Mella, en la Restauración se destacaron Gregorio Luperón, Benito Monción, Santiago Rodríguez, Gaspar Polanco y Pepillo Salcedo, entre otros patriotas restauradores, a quienes la dominicanidad le rinde eterno honor y reconocimiento por su sacrificio por la Patria.
   
Hoy 156 años después, los dominicanos asistimos a un escenario un tanto diferente y prometedor que hace exclamar que “aquí hay futuro”. Hemos experimentado en los últimos 60 años un profundo proceso de transformación y cambios, que se han acelerado en los últimos 20 años, donde la nación muestra una plataforma física, urbana y vial, que sorprende al extranjero, el cual se asombra de los signos de progreso que vive la nación.
   
En ese sentido el país registra un progresivo y elevado crecimiento de su economía que genera expectativas de progreso en buena parte de la población, especialmente en aquella que ha recibido los beneficios del crecimiento.
   
No obstante, gran parte de la población dominicana exhibe serios problemas de pobreza y desesperanza, por efecto del modelo económico que se ha puesto en marcha y que estimula la concentración de la riqueza, la exclusión, los bajos salarios y la desigualdad que son también muy visibles en la población.   
   
Pero además de la desigualdad y la pobreza, la población dominicana sufre, con la transformación, de otros males efectos del progreso y la modernidad: la descomposición familiar y la deformación moral de la gente; la propensión del “ciudadano”, mejor “aldeano”, a la violación del orden social fundamentado en la Ley. Asimismo, la ineficiencia del Estado como oferente de servicios, los cuales no llegan a la ciudadanía o que son desbordados por una demanda creciente.
   
Junto a esa notable ineficiencia en los servicios de educación, de salud, transporte público, energía eléctrica, agua potable y otros, se han hecho dramáticas la falta de autoridad y de una normal justicia, efectos de la contaminación de las mismas autoridades con las prácticas delictivas y criminales, las cuales se han expandido a medida que los procesos de descomposición y anomia se van manifestando cada vez con más fuerza.
   
La culminación de ese deterioro nacional es la falta de institucionalidad democrática fundamentada en la Ley y en la Constitución, carcomidas por la ambición sin límites de una nueva clase política gobernante que solo aspira y se motiva por la movilidad social que busca a través no del trabajo productivo, sino del oportunismo que le ofrece el asalto de la Función Pública.
   
Por esas razones muchos dominicanos sienten la necesidad de un cambio, que debería operar como una nueva restauración de la República, que restaure el orden social y el orden institucional basado en el respeto de la Ley y que garantice una República próspera, soberana y con justicia para todos.

¡Restauremos, pues, la República!


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