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Editorial

Movimientos sociales

ACTUALIZADO 13.08.2019 - 6:19 pm

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La movilización social, motivada por la protesta social frente a los males que caracterizan la vida nacional, experimenta un estado de inefectividad y debilitamiento que corre a la par con la debilidad institucional por la que atraviesa el país.
  
Los movimientos protagonizados por los sindicatos de trabajadores no solo prácticamente han desaparecido, sino que han distorsionado su función con su conversión, a nivel de sus cúpulas dirigenciales, en corporaciones empresariales, tal como se observa en el mundo de los mal llamados sindicatos del transporte. Por eso la lógica imperante en esos movimientos es la lógica empresarial y no la del trabajador.
   
La movilización unitaria que simbolizó lo que se llamara “La Marcha Verde” luego de animar la movilización de resistencia con un gran contagio colectivo, protagonizando grandes manifestaciones de masas, se ha reducido a medida que se fue desvaneciendo el impacto provocado por el estallido del caso de la Odebrecht, así como por la manipulación de que fuera objeto por grupos emergentes, más motivados individualmente por la movilidad social, a través de la exploración de oportunidades abiertas por el logro de posiciones electorales.
   
Por su parte, la protesta social más habitual y generalizada, que se lleva a cabo mediante agrupaciones de moradores que en distintos puntos de la geografía nacional, se manifiesta con protestas que de forma puntual atienden a diversos reclamos también puntuales que no logran compactarse socialmente y que aparecen y desaparecen.
   
Por esas razones no es extraño que las organizaciones comunitarias y del movimiento social, convoquen a paros y huelgas cuyos resultados, no solo no alcanzan los objetivos que dicen buscar, sino que confirman el estado de anomia e inefectividad de la resistencia social, frente al estado de cosas establecido.
   
La reciente huelga convocada por los colectivos de organizaciones sociales en las catorce provincias del Cibao, es un claro ejemplo de esa inefectividad. No hubo una clara y específica definición de objetivos en su convocatoria; no se hizo un buen manejo mediático; y en consecuencia, no se preparó a la opinión pública para socializar la causa de esa protesta. Se hizo la huelga por hacer algo y mantener una rutina de exposición social, pero sin horizonte.
   
El resultado de esa huelga, en el mejor de los casos, puede calificarse de parcial, si no de fracaso y lo que se observó fue más bien reflejo del temor y miedo que ese tipo de protesta provoca en la gran población. Esos resultados deben merecer una reflexión de sus convocantes respecto a su metodología de lucha, así como para una mejor ponderación del actual contexto por el que atraviesa el movimiento social dominicano.
   
En ese orden, se hace imperativo tomar en cuenta el contexto de la globalización neoliberal, dentro del cual están predominando las formaciones sociales que emanan del poder fáctico político y empresarial a nivel local y a nivel internacional, de gran influencia, a veces injerencia, y que favorecen la derechización de los movimientos sociales y de los grupos políticos.
   
Ese fenómeno se ha dado en los EEUU, en Europa y también en la América Latina, donde los movimientos de derecha en varios países han desplazado a la llamada izquierda del  “Socialismo del Siglo XXI”, hoy día en retroceso en el Continente.

¡Observemos esas tendencias en la RD actual!



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