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ACTUALIZADO 11.07.2019 - 4:32 pm

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Las fuerzas políticas en conflicto se aprestan a exhibir su poder de convocatoria y capacidad de resistencia, frente al poder de la facción gobernante, la cual, parapetada en los aparatos del Estado, se aferra a mantenerse en el poder más allá del período que le señala la Constitución de la República.
   
En ese orden, el Congreso ha sido tomado por las fuerzas policiales y militares que están respondiendo a las directrices de la facción gobernante, mientras los seguidores de la facción minoritaria del partido gobernante mantienen un operativo de recolección de firmas de rechazo a la reforma de la Constitución. Por su lado, las fuerzas del partido llamado de oposición bajo el comando de Abinader, anuncian una marcha concentración para este viernes al frente del Congreso, espacio institucional donde se libra la batalla por la reelección y/o por la Constitución.
   
A ese esperado match se agrega la convocatoria de la Marcha Verde, en un intento por recuperar su poder de convocatoria dentro de la población, la cual llama para este domingo a una jornada de resistencia y protesta en contra de la reelección en la plaza de Santiago.
   
A estas alturas del conflicto, las fuerzas oficialistas parecen ya decididas a presentar su proyecto de Ley al Congreso para la convocatoria de la Asamblea Nacional, la que debe tratar y aprobar la reforma a la Constitución, de modo que vuelva a autorizar la repostulación del Presidente para un nuevo período de gobierno a partir del 2020.
   
El forcejeo de las fuerzas en conflicto, sin embargo, se está llevando consigo la débil institucionalidad democrática de la cual ya queda poco, haciendo que el poder de las fuerzas oficialistas cada vez más se sustenten en la legitimidad fáctica o de fuerza, al tiempo de dejar de lado la legitimidad democrática.
   
En esas condiciones, de salir triunfante la facción oficialista, encabezará un régimen de facto con muy baja legitimidad moral y democrática, a consecuencia de las malas prácticas que se le supone pondrá en marcha para lograr los votos necesarios dentro de los diputados que representan sectores que le adversan, para de  esa manera irregular hacer aprobar la reforma de la Constitución.
   
En esas circunstancias se ha de esperar un período de inestabilidad política por la falta de legitimidad democrática que obligaría a fortalecer los mecanismos coactivos y autoritarios del poder, tal como deja ver  y anticipa la ocupación militar del Congreso.
   
Por su parte, de salir airosas las fuerzas que luchan a favor de que la Constitución no se modifique y se respete la fórmula de la no reelección luego de dos periodos consecutivos, tendrán una nueva oportunidad de hacer verdad su supuesta vocación en favor de fortalecer la institucionalidad democrática y la Constitución, a modo de consolidar el estado social de derecho, para que de esa manera se pueda superar la vieja tradición caudillista que históricamente ha impuesto la reelección y el modelo de “dominación personal”, con el apoyo de los frentes oligárquicos tradicionales propensos a la tradición autoritaria dominicana.
   
Pasadas esas jornadas de lucha por el poder, como ha de esperarse, la nación verá surgir o la democracia anhelada o la dictadura despreciada.

¡Esperemos, pues, lo poco que falta para ese desenlace!



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