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Editorial

De la política

ACTUALIZADO 02.07.2019 - 6:44 pm

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Se ha hecho popular la consigna de que “en política se hace lo que conviene”. Esa es una visión simplista de la práctica política, que esconde las complejidades que significa el manejo del Estado, los partidos políticos y las clases sociales, categorías sociológicas que conforman el sistema político, dentro del cual se deben aplicar con certeza y destreza los criterios de la licitud, la eficiencia, la factibilidad y la oportunidad al momento de seleccionar los medios en relación a los fines de la acción.     
   
Lo que conviene no es cualquier medio o fin, sino aquella combinación medio-fin que armonice al mismo tiempo los criterios de lo lícito o permitido, lo eficiente que conecte con los fines, los medios factibles disponibles, así como lo oportuno o posible conectado con los fines. Esa armónica combinación determina entonces “lo que conviene”. Si no se armonizan esos criterios, se corre el riesgo del fracaso político.
   
Por ejemplo si algo es posible, oportuno y factible, pero no es eficiente ni cumple los criterios de la Ley que determinan lo lícito, con toda seguridad que no será conveniente como plan, programa o proyecto. Esa simple distinción queda claramente evidenciada en el dramático caso de la Odebrecht, multinacional brasileña que junto a otras empresas de ese país, puso en marcha en coalición con el gobierno izquierdista de Lula, una estrategia de conquista de mercados y de gobiernos y políticos asociados en la región de Las Américas y otros continentes.
   
Mediante esa estrategia se ofrecían a los países financiamientos y asesorías de campañas políticas, a cambio de la adjudicación de obras, combinadas con sobornos y sobrevaluación de los costos, violándose los criterios de la licitud y muchas veces la eficiencia, tal como ha quedado develado en Punta Catalina y otros proyectos viales, en el caso dominicano.
   
Al principio esa oferta brasileña podía verse como “lo que convenía” a los fines de la agenda social y política de los gobiernos. Sin embargo, la violación del criterio de la licitud no solo a nivel de las particularidades de cada país, sino a nivel del marco jurídico del comercio internacional, en especial relacionado con la Bolsa de Valores de Nueva York, activó los mecanismos de inteligencia de los EE.UU, descubriéndose la ilicitud de las operaciones de la Odebrecht y de Petrobras, a través del caso de “Lava jato” en el propio Brasil.
   
De ahí en adelante, la Justicia de los propios EE.UU y de los países involucrados, operaron para desmantelar toda la red de gobiernos e intereses empresariales involucrados, sometiendo a la justicia a gobernantes, funcionarios, congresistas y empresarios, con lo cual se ha logrado recomponer la geopolítica de la región, restaurando los regímenes políticos acorde con los intereses de los EE.UU.
   
De modo tal que la experiencia del fracaso del “socialismo del Siglo XXI” en la región de América Latina, nos deja como lección que en política no se puede actuar según la consigna de que “en política se hace lo que conviene” en un momento dado. Hay que armonizar en la toma de decisiones los criterios de la licitud Ética, la eficiencia no Maquiavélica, la factibilidad no ilusa y la oportunidad no oportunista.

¡Qué sirva de aprendizaje la falsa experiencia de la Odebrecht! 


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