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Entre ineficiencia e indolencia

ACTUALIZADO 18.06.2019 - 7:01 pm

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La marca país hay que cultivarla, protegerla y defenderla, sobre todo en el contexto de la globalización, de rápida comunicación, la que hace sensible y vulnerable el desempeño económico y político de las naciones. Eso se puede comprender en nuestro país, con la ocurrencia de hechos inesperados y casuísticos como han sido las muertes en cadena de turistas en forma no bien esclarecidas. El escándalo provocado por esos hechos ha trascendido en lo internacional, y tal vez sea cierto que haya sido aprovechado por los competidores del turismo para montar una campaña que perjudique ese importante renglón de la economía nacional.
   
Esas circunstancias se ven agravadas por la ocurrencia de otros hechos coincidentes y violentos como los protagonizados por el sicariato que opera en el país y que produjo el atentado más publicitado de los últimos tiempos como fue el atentado contra la leyenda deportiva David Ortiz.
   
Todos esos hechos ponen de manifiesto los problemas que definen el cuadro de la inseguridad de la vida en el país y que revelan la ineficiencia del Estado como proveedor de servicios con calidad y efectividad, en beneficio de la población nacional e internacional que circula en nuestra geografía.
   
Los turistas muertos de forma tan extrañamente casual, unido al atentado contra la celebridad de David Ortiz, más otros hechos similares que ocurren a diario, deberían provocar la reacción de las autoridades, no solo para dar respuestas coyunturales a los casos planteados, sino para ofrecer respuestas permanentes que eleven la seguridad de vida de nuestra gente y de los que nos visitan.
   
Las autoridades deben sacudirse de una rutina inefectiva para ponerse en condiciones de manejar servicios públicos con eficiencia y seguridad, así como para ocuparse no solo por un buen desempeño en sus responsabilidades, sino además para una oportuna, efectiva y veraz comunicación que genere credibilidad, sobre todo en un contexto que exige confianza en las respuestas de las instituciones públicas y también privadas.
   
Esas debilidades que se observan en la cotidianidad se asocian a otras no menos deprimentes como es la indolencia que aflora en el desempeño profesional y técnico del personal de las instituciones públicas que están llamadas a ofrecer un servicio profesional eficaz y humanitario, y con sentido de sensibilidad y solidaridad.
   
Esa indolencia se puso de manifiesto en el triste caso de aquella señora enferma que acudió a un hospital público de aquí de Santiago y murió sin recibir atenciones públicas adecuadas y oportunas, tal como ella misma testimonió antes de su muerte, grabando su denuncia del maltrato recibido.
   
Todos esos hechos que definen el marco de nuestras deficiencias que limitan la calidad y seguridad de vida de los dominicanos, hacen necesaria una seria reflexión, en especial sobre el quehacer del aparato del Estado, para dinamizarlo no solo como estimulador y facilitador del desarrollo a partir de la iniciativa privada desarrollista, sino también como garante del desarrollo humano con equidad, seguridad y calidad de vida.
   
Hay que civilizar el espíritu salvaje que se ha apoderado del sistema económico capitalista global y del Estado indolente, muy dados a centrarse en la rentabilidad del dinero y los negocios, pero despreciando el desarrollo humano.   

¡Sensibilicémonos y volvamos al humanismo!


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