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Editorial

Solución democrática

ACTUALIZADO 17.06.2019 - 5:52 pm

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La angustia que vive la comunidad política, fruto de la indefinición actual, podría tener una solución democrática sometiendo a las fuerzas políticas en disputa dentro y fuera del partido de gobierno, al criterio de las mayorías en un ejercicio limpio y transparente, en el escenario de las primarias en las que se enfrentarían los diversos precandidatos.
   
Una contienda como las primarias de octubre deberían ser el escenario donde los diversos aspirantes, con la excepción del actual presidente Medina por estar impedido constitucionalmente, deberían concurrir para determinar quién sería el candidato del partido de gobierno, y quien debería contar con el apoyo unitario de todos y de sus jefes de tendencias que se disputan el dominio del Estado.
   
Esa solución es simple y cónsona con la institucionalidad legal del país, y le daría solución al actual estado de incertidumbre que tiene a toda la opinión pública y a los agentes económicos y sociales concentrados y distraídos, tratando de descifrar cuál será el desenlace que se le dará al problema del PLD, al problema de la reforma constitucional y al problema de las pretensiones de Leonel de volver a la Presidencia de la República.
   
Una solución dejada al escenario de unas primarias democráticas, competitivas y transparentes, fortalecería la institucionalidad democrática en el país, al tiempo de moralizar las prácticas políticas y de fortalecer el Marco Constitucional de la nación.    
   
Por el contrario las perspectivas de una reforma constitucional para habilitar al Presidente, lograda mediante la compra de conciencia de senadores y diputados, tal como suponen algunos, no solo rebaja la moralidad del sistema, sino que disuelve la legitimidad democrática con resultados negativos, abriendo amplias posibilidades a la inestabilidad política de la nación.
   
Esa sería una opción de alto riesgo y una expresión de lo que se llamaría “la irracionalidad de lo racionalizado”. Lo racional es haber logrado el partido de gobierno iniciar la construcción de la nueva clase gobernante y dominante, sustituta de la vieja clase herencia de los tiempos del autoritarismo. La irracionalidad es desestabilizar el sistema político y el proceso de fortalecimiento y consolidación de esa nueva clase política, sustentadora del proceso de transformación que experimenta el país bajo su dominio.
   
Además la imposición de una reforma constitucional con fines reeleccionistas, chocaría con la situación actual de la geopolítica, cuyas tendencias manifiestas se expresan en contra de modificar la Constitución y la reelección, y sí a favor de la celebración de elecciones limpias y legítimas, todo lo cual obraría como un factor desestabilizador de la política.
   
Se arriesgaría así la eficiencia del proceso de formación y consolidación de la nueva clase dominante y gobernante. El propósito racional de la política de transformar la estructura de clases con legitimidad, moralidad e institucionalidad legal, con la desestabilización política se convertiría en un despropósito, que caería en la contrariedad dialéctica de “la irracionalidad de lo racionalizado”.
   
Una solución al conflicto de acuerdo a la lógica de la institucionalidad democrática, como serían las primarias para que las mayorías decidan, ofrece la oportunidad de darle solución al conflicto y a la incertidumbre, sin arriesgar la racionalidad de la continuidad del dominio de la nueva clase gobernante.

¡Qué se evite el “suicidio de la clase”: juguemos a la democracia! 


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