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Editorial

La nueva opción

ACTUALIZADO 05.06.2019 - 6:43 pm

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El partido de gobierno atraviesa por una crisis protagonizada por sus dos líderes más prominentes: el presidente Medina y el expresidente Fernández. Ese enfrentamiento ya se vivió para las elecciones del 20126, cuando Fernández amenazaba el dominio de Medina, al aspirar a la candidatura presidencial, y fuera parado en seco por la inesperada traída de Quirino y su acusación contra Fernández, a la cual éste no respondió dejando la duda.
   
La disputa, que reviste la categoría de conflicto dialéctico, vuelve a repetirse ahora para las elecciones del 2020, con un Fernández decidido a llevar el conflicto hasta sus últimas consecuencias, y recuperando un buen espacio en las preferencias de la población electoral.
   
En esas circunstancias vuelve a aparecer otra denuncia contra Fernández, a través de un periodista de dudosa imagen y desde una tribuna de los EE.UU, acusando nuevamente al expresidente de recibir recursos financieros de “mafias” internacionales, en lo que parece una segunda versión de Quirino, a la cual le ha salido al frente, modificando su anterior comportamiento, y calificándola de “infamia” y de una “vil calumnia”.
  
Habrá que esperar si esta nueva campaña tendrá el efecto de la primera, pero luce que esta vez no parece que será igual. Esa expectativa podría justificarse en el hecho de que la cultura de la corrupción y la impunidad se ha legitimado, al menos en la sociedad política, haciendo que esas denuncias se vean como algo natural y propio del comportamiento de los políticos: la ética y su derivado en el criterio de la licitud han sido suplantados por una política que sólo se rige por la falacia de “lo que conviene”, en una versión de la eficiencia maquiavélica donde “todo se vale” en la búsqueda del poder y el dinero fácil.
   
Y es en ese contexto que surge una nueva opción que podría ser la síntesis dialéctica del conflicto entre Medina y Fernández. En una comprensión de que “ ni tú ni yo” ambos líderes pudieran acordar apoyar a una tercera opción, que perfectamente podría ser Margarita, la cual ha logrado, en su trayectoria de alta funcionaria pública, cosechar una alta valoración y preferencia en el electorado, que las hacen una opción razonable y a la mano para superar la actual crisis que luce empantanada.
   
Esa opción naturalmente se debe negociar tomando en cuenta los fuertes intereses que han acumulado las dos facciones que encabezan Medina y Fernández. Para ello podrían poner en marcha un plan de “reparto” del poder del Estado, que les asegure compartir la coordinación de la división local de los “negocios” que se derivan del poder, que es el origen dialéctico del conflicto.
   
Es claro, entonces, que la opción de Margarita, estaría muy condicionada, teniéndose que conformar con una candidatura, segura triunfante, pero transitoria y mediatizada por los poderes fácticos en manos sus dos eventuales flanqueadores.
   
Mientras esa eventualidad salvadora del conflicto, hasta ahora insoluble, se pueda materializar la situación de angustia e incertidumbre se mantiene enloqueciendo a la sociedad política que no acaba de entender el origen sociológico del conflicto, el cual reside en quién coordina las fuentes de apropiación de los recursos públicos y quien controla el manto institucional de la impunidad.

¡Mientras tanto esperemos el desenlace!


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