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Editorial

Tiempo de controversias

ACTUALIZADO 04.06.2019 - 7:37 pm

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El país político está concentrado en la principal controversia que genera la lucha por el poder entre las fuerzas partidarias y en especial en la confrontación que se da a lo interno del partido de gobierno.
   
A esa temática conflictiva central se le añaden otras áreas problemáticas como son: el debate sobre el aumento del salario mínimo empantanado por las posiciones entre patronos y trabajadores; la violencia y criminalidad sobre la cual no se vislumbra una estrategia de combate efectiva y ahora alcanza al sector turístico, donde se ve una falta de enfoque y de métodos profesionales en los últimos casos denunciados fuera del país por turistas victimizados.
   
A esos temas controversiales se le añade el debate sobre la “ordenanza” del Minerd sobre la equidad de género, que ha levantado una oleada de protestas de sectores que gravitan pesadamente en la conducción de la educación dominicana, alertando sobre la mala influencia que significaría el tema de la ideología de género, con su carga de confusiones morales.
   
Sobre esa controversia hay que establecer que la “ordenanza” está justificada en el Pacto Educativo y en la Ley que estableció la Estrategia Nacional de Desarrollo, además de estar consignada en la propia Constitución, piezas normativas consensuadas con todos los sectores que se manifiestan controversiales frente a la ordenanza. Específicamente en “la ordenanza” se defiende y promueve una educación con equidad de género, que debería ser operacionalizada y respaldada por un contenido y una metodología, por diseñar, que forme y eduque a los alumnos en el trato culturalmente igualitario entre niños y niñas, entre hombre y mujer.
   
Esa orientación no debería provocar ni oposición ni rechazo, porque se entiende, según los estudios al respecto, que entre hombre y mujer se da una discriminación que perjudica los derechos y la participación de la mujer en igualdad de condiciones en la vida social, económica, política y cultural. Esa situación de desigualdad no merece que la equidad de género se discuta por evidente.   
   
Pero, además, si hay una realidad de desigualdad entre hombre y mujer, en nuestro país en las actuales circunstancias, se da un estado de violencia y propensión a la delincuencia que incluso ha penetrado en el espacio de la escuela, donde se observan hechos de agresión que involucran a los alumnos y profesores, que hacen evidente la necesidad de que desde la escuela la sociedad dé respuesta a esa problemática, reforzando el currículo con módulos de educación sobre el rol de la mujer y de los hombres desde una óptica de igualdad y tolerancia entre los dos sexos, partiendo del reconocimiento de las diferencias funcionales derivadas de la condición biológica de hombre y mujer.
   
La escuela debe contribuir en la preparación de mujeres y hombres para una mejor convivencia que promueva una cultura de paz y una conducta civilizada. Eso es un imperativo educativo de estos tiempos caracterizados por un “feminismo liberado” y un “machismo atávico”, que se resiste a la igualdad social y cultural del hombre y mujer.
   
Una estrategia de ese tipo no debe generar controversias filosóficas antagónicas, que contravengan la eficiencia de las políticas públicas para elevar la calidad de la educación.     

¡Dejémonos de fanatismos ideológicos falaces y degradantes!


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