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Editorial

Lo que se ve y lo que no se ve

ACTUALIZADO 07.05.2019 - 7:30 pm

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Las grandes manifestaciones que vienen realizando los principales partidos y sus variadas corrientes internas, ponen en evidencia en primer lugar que la campaña electoral de cara al 2020 ya se inició con gran intensidad, desbordando el marco institucional que debería haber regulado y controlado la JCE.
   
No obstante las recientes encuestas de opinión electoral dejan ver: primero que todavía la masa de indecisos e independientes es muy alta, pudiendo significar un serio deterioro de los partidos en la población; segundo, que se consolidan cuatro figuras preferidas, el presidente Medina, el expresidente Fernández, Luis Abinader y Margarita Cedeño; tercero, que Hipólito Mejía se mantiene disminuido en las preferencias y que viene emergiendo la figura estigmatizada de Ramfis Trujillo. También se ve que tanto los partidos minoritarios como los precandidatos oficialistas aparecen aplastados por el liderazgo tradicional, por lo que se ve lejana la posibilidad de una renovación del liderazgo en los partidos.
   
En general el panorama electoral se mantiene todavía indefinido y luce que su definición dependerá de lo que suceda con la eventual modificación de la Constitución para aprobar la posible reelección del Presidente Medina. De eso producirse, pese al gran rechazo de la población, se cree que sería una decisión que dividiría al partido de gobierno y pondría en peligro su triunfo, abriéndole la oportunidad a la oposición encabezada por Abinader.   
   
Hasta ahí lo que se puede apreciar. Lo que no se ve es la estrategia del grupo gobernante no solo para crear las condiciones para el continuismo con reelección, sino para crear las condiciones del continuismo con hegemonía en el poder sin necesariamente recurrir al formato tradicional de la reelección.
  
Esa estrategia que no se ve a los ojos del ciudadano común, persigue preparar la salida del poder formal del gobierno, pero al mismo tiempo mantener el monopolio de todos los órganos del Estado donde se agencia el poder fáctico. Esto es Congreso, Poder Judicial, Poder Municipal, así como las demás altas cortes con lo que podría negociar, además, una cierta cuota en un próximo gobierno dentro de un reparto tal como lo ha impuesto la estrategia de la gobernabilidad clientelar.
   
Indicios claros de esa estrategia de monopolización del poder, han sido la manipulación del concurso para reforzar el control del Ministerio Público; el triste espectáculo del CNM contra la Jueza de la República para pasar a controlar la SCJ; la presión pública contra el TSE cuyo fallo sobre el PRD pone en peligro la división lograda del perredeísmo como condición para el éxito electoral; la coacción ejercida contra comunicadores y empresarios disidentes; y la manipulación sobre la JCE para mantener el “arrastre” por sobre la Ley y la Constitución, entre otras acciones para maximizar el poder fáctico.   
   
En esas condiciones de monopolio y control, el grupo gobernante estaría en posibilidades reales de optar: o por la reelección pura y simple, de más alto riesgo; o por facilitar otra opción electoral dentro o fuera de su partido, con la seguridad de que ese gobierno materialmente estaría condicionado y atado a sus designios, so pena de correr la suerte de otros presidentes latinoamericanos que han sido judicializados y derrocados por el gran poder fáctico detrás del trono.

¡El calendario electoral aclarará qué es lo que en política no se ve!  


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