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Editorial

Agenda política versus realidad

ACTUALIZADO 05.05.2019 - 6:42 pm

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En la intensa y activa jornada político-electoral efectuada el pasado fin de semana, la cual fue protagonizada por gobernantes y opositores,  no se incluyeron en la agenda los problemas sociales y económicos que hunden a la población en una crisis dramática.
   
Se trató de movilizaciones basadas en intereses particulares de quienes libran un pugilato por el poder, por tanto, no se  abordó la problemática socioeconómica que preocupa a la mayoría de ciudadanos, situación que es preocupante porque los políticos ni piensan ni trabajan por el bien común.
   
Rechazo a la modificación a la Constitución para restablecer la reelección presidencial, fue el objetivo del activismo de la tendencia que lidera el expresidente Leonel Fernández Reyna en el PLD, y de la oposición que encabeza el Partido Revolucionario Moderno, o sea, que coincidieron al unísono sobre el mismo tema.
  
Asimismo, quienes promueven la repostulación del presidente Danilo Medina Sánchez, desplazaron a sus fuerzas en defensa de su posición y por la continuidad en el poder.
   
Como se puede observar, los dirigentes de las agrupaciones políticas acomodaron la agenda en atención a sus ambiciones, porque excluyen debatir sobre los problemas nacionales, por lo que no asumen los retos en busca de implementar alternativas para darle respuestas satisfactorias a las necesidades básicas de los dominicanos.
   
Las plataformas estructuradas en las cuales se enfrentaron reeleccionistas y antirreleccionistas están alejadas de la realidad que aflige a millones de personas que sobreviven en medio de calamidades y condiciones inhumanas.
   
Hay una distorsión en la práctica política, debido a que en vez de servir a la Patria se persigue obtener beneficios personales, sin importar los males que abaten a quienes a diario padecen de hambre, insalubridad y marginalidad.
   
Es una lástima que en el derroche de recursos destinados en el proselitismo no se enfocaran temas sobre corrupción, desempleo, pobreza, devastación de los recursos naturales, el alocado endeudamiento, inseguridad ciudadana, criminalidad e insalubridad.
   
Tampoco se habló de  desigualdad, injusticias sociales, de la falta de aplicación y administración de justicia sin privilegios y de las debilidades de la democracia política dominicana.
  
Urge que la política se asuma como ciencia que dote a quienes la escogen como carrera  de conocimientos y sabiduría, así como de inteligencia para que apliquen lo aprendido en busca de impulsar la evolución y el crecimiento sustentable de República Dominicana y el desarrollo humano.
   
Y los ciudadanos deben superar la pasividad y transformarse en actores activos con el ejercicio de una ciudadanía responsable, máxima categoría política, para defender sus derechos y trazar las pautas en aras de que los políticos emprendan proyectos por la solución de los graves problemas que sumergen a la población en un panorama deprimente.
   
Es preciso que las fuerzas políticas y el pueblo se unan en torno a una cruzada patriótica para resolver los problemas sociales y económicos, construir una democracia plena y asegurar el bienestar colectivo.
   
Paz, justicia e igualdad se edifican con trabajo, equidad, alimentación, salud, educación y humanismo; es un desafío, entonces, ejecutar programas para asegurar la bienaventuranza  a la población.

¡Hay, pues, que bregar por la estabilidad y felicidad de las familias dominicanas!


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