20 Agosto 2019 8:29 AM

PortadaOpiniónEditorial

Editorial

Reflexión en la tregua

ACTUALIZADO 17.04.2019 - 7:09 pm

0 COMENTARIOS

enviar por email

imprimir

ampliar letras

reducir letras

En tiempo de Semana Santa la Iglesia Católica y sectores afines piden una tregua a los políticos de sus actividades “ruidosas”, para abrirle espacio a la reflexión, a la meditación y a la prudencia que trae consigo la conmemoración de la crucifixión y resurrección de Jesús, quien en su jornada misionera enseñó a la humanidad el camino terrenal para la vida eterna en el más allá. Por eso son los religiosos los primeros en demandar en esta época una tregua en la cotidianidad y en el activismo político.     
   
En esta ocasión, por el contrario son los políticos que haciendo un alto en su cotidianidad claman por la tregua, bajando el tono y el ritmo de su proselitismo, en solidaridad con los religiosos, los cuales sin embargo, entran en la Semana Mayor lanzando serias y duras críticas a ciertos sectores políticos, cuyos pasos parecen conducir a la nación hacia un régimen que como el de una dictadura, parecía superado luego de ajusticiado el tirano el 30 de mayo del 1961.
   
Ese temor de las voces más autorizadas de la Iglesia Católica merece reflexión, y sobre todo, nos convoca a la necesidad de entender sus razones. Esas razones no residen solo en la amenaza que encierra el propósito de la reelección. Esas razones más bien provienen de la intuición sobre el continuismo que nace del propósito de construir la nueva clase gobernante, que a su vez impone la necesidad que tiene crear las condiciones materiales que den lugar a la formación de la clase social dominante, entidad sociológica responsable de la función social de coordinar la asignación y distribución de los recursos colectivos para impulsar el desarrollo de los pueblos.   
   
Y es esa función la que ha ido desempeñando el partido de Gobierno en sus dos versiones interpretativas y con más efectividad e impacto por la facción que encabeza el Presidente Medina. El partido o la facción del mismo que coordina la misión de la formación de la clase dominante y gobernante, no solo induce al  continuismo y a reforzar la pauta tradicional de la reelección, sino que impone la cultura de la apropiación privada de los recursos públicos, con dos propósitos y resultados: fortalecer y consolidar las bases de sustentación económica de la clase; y facilitar la apropiación y control de todos los órganos del Estado como fuentes del poder político. Esos resultados, y hay que entenderlo, son requisitos de esa misión de construir la nueva clase y su régimen político consecuente.   
   
Por eso, entonces, se puede entender la vocación monopólica que aplica el partido gobernante, que necesita no solo controlar y apropiarse de buena parte de la economía pública y privada, sino también disponer del control de todos los poderes del Estado; el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial y hasta de manipular, dividir e integrar a los partidos políticos y organizaciones de la sociedad civil con vocación opositora, los cuales le reprochan, a veces, su ambición monopólica, base del autoritarismo totalitario, que hacen que los líderes religiosos y otros  institucionales y profesionales, adviertan sobre la tendencia hacia la dictadura que ese accionar político antidemocrático está promoviendo en el país.

¡Entendamos, pues, los fundamentos del lamento político de los religiosos!


0 comentario(s)


Le restan 1000 caracteres.

Normas de uso

Este periódico no se responsabiliza de las opiniones vertidas en esta sección y se reserva el derecho de no publicar los mensajes de contenidos ofensivo o discriminatorio.