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Editorial

El TSE amenazado

ACTUALIZADO 11.04.2019 - 6:32 pm

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El fallo del TSE que anula la actual dirigencia y los estatutos del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), ha provocado una airada reacción del partido de gobierno, a la luz de las declaraciones del Presidente del Senado, cuestionando la decisión de ese tribunal, calificándola de inconstitucional por supuestamente haberse colocado por encima del Tribunal Constitucional.
  
El Secretario General del PLD solicita a los diputados que investiguen a los tres jueces que hicieron mayoría para dictar dicho fallo que va en contra de los intereses del PRD, partido aliado al de gobierno, investigación que abre la eventualidad de un juicio político que por lo menos los destituiría.  
   
Esa amenaza hecha pública, es una clara confesión de intolerancia y de una disposición mental a no admitir la disidencia que ponga en riesgo las condiciones político-partidarias sobre las cuales el grupo gobernante ha edificado su poder monopólico y hegemónico que aplasta a sus oponentes y desafectos, y que a la vez le permiten colocarse por encima de la propia Constitución y de la institucionalidad democrática.
   
Ese gran poder totalitario, al igual que en el régimen tiránico de Trujillo, se ha montado en dos condiciones materiales que permiten monopolizar la política: el control de todos los poderes del Estado, con lo cual se violentan los principios democráticos relativos a la separación e independencia de los poderes, así como el principio de la alternancia. La segunda condición es la de haberse apropiado de los recursos públicos, confundiendo la política como negocio, para convertirse en clase social dominante autosustentada y coordinadora de todo el proceso de asignación de recursos presupuestales.    
   
A partir de ese dominio y esa monopolización, surgen como efectos necesarios y consecuentes, la tendencia a la concentración de los poderes en manos del partido gobernante y su propensión a restringir las libertades, así como a no admitir ni tolerar la disidencia, tal como quedara evidenciado con el atropello a la jueza Miriam Germán, la manipulación del trabajo de la periodista Edith Febles y ahora la amenaza contra los jueces del TSE, y en especial de su presidente Ramón Jáquez.  
   
Esas tendencias echadas andar por el grupo gobernante, siguiendo la ley del monopolio, no solo distorsionan y limitan las posibilidades del país para enrumbarse hacia una política democrática, sino que atizan el continuismo y toda la tradición política autoritaria que se expresa en la pauta de la reelección continuada.
   
De esa manera la democracia se aleja del horizonte dominicano y el autoritarismo se reproduce, imponiendo su esquema de pensamiento único, retroalimentado ahora  por los despropósitos contenidos en el “capitalismo salvaje”.
   
La Sociedad Civil y los sectores que desde el origen de la República han estado soñando con los ideales de la libertad y la democracia, tienen que hacer un alto en su acomodada posición de indiferencia, para entender la dinámica del actual proceso político-nacional, no para que se indignen y se queden en la crítica, sino para que se levanten y vuelvan a manifestarse en defensa de la amenazada democracia dominicana.

¡Qué la ciudadanía defienda su democracia!    


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