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Editorial

Valores y payasadas

ACTUALIZADO 10.04.2019 - 6:27 pm

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Se ha hecho frecuente oír sobre la descomposición social y moral por la que atraviesa la comunidad dominicana. Ese diagnóstico habla de la pérdida de valores que en otras épocas servían de orientadores de la conducta y cohesionadores de la comunidad.
  
Hoy día, sin embargo, con la trasformación que ha experimentado la economía y la sociedad, sobre todo, con el fuerte proceso de movilidad social y geográfica, importantes segmentos de la población se han transferido de las zonas rurales a las zonas urbanas, al tiempo que otros se han desclasado desde la marginalidad y la pobreza a los estamentos de las clases medias, realimentando la trasformación de la economía y sus nuevos patrones comerciales, que han elevado el consumo y la diversificación y especialización del sistema económico.
   
Esos procesos concatenados han densificado la vida urbana, sobre todo en las principales ciudades que han explosionado por efecto de la emigración violenta del campo a la ciudad, y a la vez han intensificado el tránsito y transporte de personas y bienes.
   
Con esos cambios que han modificado el nuevo contexto social, también se ha transformado y debilitado la estructura familiar, pasando de una composición extendida a una nuclear y reducida, así como la influencia de la escuela, la comunidad educativa y la comunidad vecinal, que eran las principales agencias de formación y socialización de los individuos para convertirlos en sujetos sociales integrados a su ambiente.    
   
Con la descomposición de esas agencias de formación y socialización, también se han descompuesto los valores como guías de la conducta individual y colectiva. La pérdida de los valores a su vez ha desorientado a los individuos que viven ahora en un estado anómico, ausencia de normas, al tiempo que la sociedad ha perdido su capacidad del control social sobre los individuos. Se ha perdido el autocontrol de las personas y se ha debilitado el control externo que ejercían las autoridades represivas legitimadas por la Ley.   
   
En ese contexto de debilidad del control social, los individuos van desarrollando variadas formas de conductas desviadas, en contra de lo establecido por las leyes y las buenas costumbres, incluyendo conductas degeneradas y delictivas, como consecuencia de la descomposición moral y social.
   
Por eso, no es de extrañar el presente estado de corrupción e impunidad, así como de la ocurrencia de hechos criminales de variada naturaleza, y más recientemente de escándalos como el de la “pederastia degenerada”, hechos que han protagonizado religiosos como el padre polaco de Juncalito y ahora aquí en Santiago  un famoso payaso se le atribuye, según la denuncia, haber aprovechado un programa de TV para pervertir sexualmente a los niños y niñas a los que seducía con su labor de entretenimiento.
   
A través de estos nuevos actores, social y moralmente descompuestos, que deberían servir de paradigmas morales orientadores de nuestra niñez, se van fortaleciendo las tendencias negativas de la descomposición social, que atentan contra el orden social y la formación de una juventud sana y bien orientada para su realización y buenos aportes en bien de la comunidad nacional.

¡Qué se reflexione y se atienda esa malsana desviación de nuestra niñez!


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