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Editorial

El TC y la censura

ACTUALIZADO 08.04.2019 - 6:52 pm

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La Ley de Partidos y la propia Ley Electoral de reciente aprobación, contienen disposiciones que han sido interpretadas como atentados a la libre expresión del pensamiento. Frente a esa situación organizaciones de la sociedad civil y comunicadores sometieron un recurso de inconstitucionalidad ante el Tribunal Constitucional, contra el artículo 44 numeral 6 de la Ley 33-18 sobre Partidos Políticos.
   
Sobre esa solicitud el Tribunal declaró incompatible con la Constitución dicho artículo, considerándolo una seria violación al derecho de libertad de expresión consignada por la Constitución.
   
De esa manera, el TC libera a la colectividad nacional de la “censura”, ya que dicho artículo sancionaba las críticas negativas contra candidatos a las elecciones a través de las redes mediáticas, lo cual constituía una “mordaza” violadora de la Constitución.  
   
Una “mordaza” de ese tipo es una clara manifestación del autoritarismo que intentan reproducir los sectores de poder que monopolizan el control de todos los poderes del Estado, con lo cual amenazan la libertad y la institucionalidad, cada vez más disminuidas a medida que se pierde la independencia entre los poderes públicos.
   
La colectividad nacional democrática debe ofrecerle un espaldarazo al TC, el cual emite su decisión en medio de un contexto caracterizado por una fuerte presión de los sectores de poder en reducir o desaparecer la independencia del Poder Judicial respecto al Poder Ejecutivo. Así quedó evidenciado con la escogencia de los jueces de la SCJ.
   
Por eso cobra mayor significación la decisión del Tribunal Constitucional a favor de garantizar el clima de libertades y en contra del autoritarismo monopólico y antidemocrático.  
¡El TC merece un reconocimiento!

Propuesta salvadora


La vicepresidenta de la República, Margarita Cedeño, en medio del conflicto que amenaza con la división del partido de gobierno, prácticamente se propone como la fórmula salvadora frente a la confrontación entre el Presidente Medina y el expresidente Fernández. Ambos actúan como la “tesis” y la “antitesis”, cuya supresión o “síntesis” sería Margarita.
   
El conflicto entre Medina y Fernández no solo tiene su origen en el modelo “caudillista” de dominación personal, sino que viene de la aspiración de ambos de constituirse en centro coordinador de los procesos que determinarán el curso del desarrollo de las fuerzas productivas que sirven de sustentación del desarrollo y del poder fáctico.
   
Ese rol primero lo ejerció la facción que encabeza Fernández en sus distintos períodos de gobierno. Ahora lo ejerce con mayor capacidad de coordinación el Presidente Medina.
   
Sin embargo, la disputa atizada por la tradición caudillista y reeleccionista, se ha profundizado a tal nivel y de forma antagónica, que luce que la solución más racional del conflicto debería ser una fórmula transada, para un gobierno de unidad y de transición, para el cual la propuesta de Margarita podría constituirse en la “síntesis” salvadora del conflicto.
   
Ella podría concertar el apoyo del Presidente, al tiempo de forzar a Leonel a apoyarla, contando además con un considerable aprecio del mercado electoral.
¡La dialéctica favorece una fórmula transaccional y de transición!


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