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Editorial

Psiquismo colectivo rebelado contra la Ley

ACTUALIZADO 13.03.2019 - 6:50 pm

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Los dominicanos, en la actual fase de su desarrollo, atravesamos por una profunda crisis de conducta que se pone de manifiesto por su propensión a rebelarse contra la Ley. Volvemos a decir, que para nosotros “la Ley es el camino por donde no se debe transitar”. A la Ley hay que buscarle la vuelta o el “bajadero” por lo general recurriendo a la informalidad afectiva y a la familiaridad primaria.
   
No hace un mes que el Congreso de la República aprobó la Ley que prohíbe el uso de la hookah, atendiendo a los señalamientos públicos de que ese utensilio foráneo de efectos similares al vicio de fumar, es perjudicial para la salud de sus usuarios. La misma prensa se hizo eco de personas muertas luego de haber usado dicho utensilio. Hoy sin embargo, vemos como los propietarios de bares y centros de diversión piden la derogación de la ley como consecuencia de la reducción de sus ventas que amenazan con la quiebra de esos establecimientos y la pérdida de cientos de empleos.
   
El mismo argumento del empleo utilizan los que justifican la operación de las granceras, las cuales se encargan de la destrucción del medio ambiente y sus recursos naturales, como son las fuentes acuíferas de las cuencas hidrográficas. Lo mismo vale para los deforestadores, los cuales no solo acaban con los bosques para extraer la madera y hacer conucos o sembradíos agrícolas, que erosionan el suelo y su capacidad de retención de las aguas que caen por efecto de las lluvias. Por eso cada vez más se reducen los caudales de agua de los ríos del país.
   
Lo propio sucede con los urbanizadores cuyas empresas de construcción van reduciendo la geografía agrícola del país, y tomando las tierras de mayor fertilidad, como son por ejemplo las del valle del Cibao.
   
Todos esos agentes económicos se justifican por lo general por su aporte a la generación del empleo y tienden a la rebelión contra la Ley y el Bien Común, colocando el interés económico particular por encima de las leyes y las normas que han de regular el ordenamiento de la economía, el cual ha de garantizar la sana convivencia social y un orden institucional donde se armonicen la vida humana con la necesidad de preservar el medio ambiente y los recursos naturales.
   
La creación de unos cuantos empleos y la generación de beneficios particulares no pueden colocarse por encima del orden legal, porque de ser así caeríamos no solo en el caos y la anarquía propias del estado de naturaleza donde reina la Ley del más fuerte, sino que acabaríamos con las condiciones y requisitos del ordenamiento institucional fundamentado en el reino de las leyes positivas, que garantizan la vida humana y la preservación del ambiente.  
   
La propensión a violentar el orden jurídico, la rebelión contra la Ley, no solo la observamos en esos órdenes de la vida cotidiana, sino que la vemos en el orden político, tal como se ha evidenciado en el caso de la Procuraduría y la magistrada Miriam Germán, donde se manifiestan con toda claridad la negación de la Ley y los reglamentos, así como la desconsideración deshumanizada respecto al valor de la persona humana.

¡El dominicano tiene que volver a respetar la Ley!



1 comentario(s)


  • 1

    Pedro Mendoza

    14.03.2019 - 6:58 am

    Muy certero este editorial, pues resulta de observación común cómo grupos organizados de la sociedad y particulares se atrincheran con el cumplimiento de la Ley como si las normas que regulan y sistematizan el funcionamiento social y jurídico fueran necedades y trabas que obstaculizan la vida cotidiana. No nos damos cuenta que hasta las tribus de la amazonia tienen leyes aunque verbales y cumplidas por fuerza de la costumbre pues de lo contrario su comunidad sería un caos. Tenemos el mal hábito de creer que la Ley no tiene ningún valor, pero cuando alguien nos agrede física o económicamente,entonces pretendemos que la Ley nos socorre. Es decir, si me conviene, !que viva la Ley! pero si no me conviene,!abajo la Ley! La Ley crea orden en la sociedad, por eso combatirla y burlarse de ella porque perjudica mis intereses particulares es querer privar de la justicia y la libertad a los demás.


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