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Editorial

Oposición política y pasividad

ACTUALIZADO 10.03.2019 - 5:49 pm

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En un sistema político democrático es idóneo una oposición vigorosa, activa y defensora del pueblo, porque solo así jugará su rol en defensa de los derechos de la población, y al mismo tiempo garantizar el contrapeso del poder.
   
Cuando los opositores son débiles, eso se describe en todos los procesos sociales, políticos y económicos en la historia de la humanidad,  los gobernantes imponen su poderío con la aplicación de políticas que lastiman a la mayoría de las personas.
   
Países de América Latina y el Caribe son ejemplos de esa situación, debido a que partidos gobernantes, en distintas etapas históricas, no han tenido una oposición activa y contestaría.
  
República Dominicana ha sido atrapada en esa realidad, la cual se acentúa en el presente, mediante la hegemonía del gobernante Partido de la Liberación Dominicana, cuya organización ha dirigido el Estado durante  20 años, y en este momento con el control absoluto de todas las estructuras del poder.
   
Frente a ese cuadro se levantó la voz del párroco de la iglesia “Paz y Bien”, Fray Frankely Rodríguez, quien enrostró a dirigentes del Partido Revolucionario Moderno que asistieron a una  misa, su pasividad ante el desorden que afecta al país en todos los ámbitos.
   
Y tiene razón el religioso, puesto que la oposición política muestra una actitud pusilánime y de inacción para contrarrestar los desaciertos gubernamentales y la problemática socioeconómica que golpea a  los dominicanos.
   
Muestras de  los embates que padece la población se expresan en los aumentos de precios de los combustibles, alimentos y productos de consumo masivo, así como alza de las tarifas de los servicios básicos, es decir, de la inflación que devora los “pírricos” ingresos de los grupos humanos perjudicados con las medidas arbitrarias e  impositivas; sin que la oposición reaccione con firmeza contra ese malestar.
   
La inseguridad se ha incrementado, como consecuencia del auge de la criminalidad, crimen organizado, narcotráfico, sicariato y el raterismo, a causa de los problemas sociales y económicos, incapacidad de la Policía Nacional para frenar a los delincuentes, debilidades del Ministerio Público y la complicidad de muchos jueces que “encubren” a los malhechores; la población está desamparada y atemorizada.
   
En este momento, es lo que se percibe, los partidos de oposición han sido incapaces de aprovechar los problemas nacionales y los conflictos que sacuden al PLD, por tanto, no presentan alternativas que soporten un proyecto con real vocación de poder.
Tampoco se observa un plan de alianza de las fuerzas opositoras, por el contrario el bloque que se forjó posterior a las elecciones que se celebraron en el 2016 se ha debilitado, y hay pocas posibilidades para su recomposición.
  
Para derrotar en las urnas al PLD, si es que quieren llegar al poder, las entidades opositoras deben unirse alrededor de un programa que cautive a los ciudadanos y los motive a integrarse a las actividades políticas; relegar las aspiraciones particulares, y presentar propuestas confiables para superar la crisis social y económica que aflige a la población. La oposición debe inspirar confianza.

Si los opositores no actúan en esa dirección permanecerán distantes del poder, que no quepa la menor duda.


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