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Editorial

Evaluación o juicio

ACTUALIZADO 05.03.2019 - 8:01 pm

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La sesión inicial del proceso de evaluación que realiza el CNM a los postulantes para miembros de la Suprema Corte de Justicia, se convirtió en un juicio dirigido a descalificar a la magistrada Miriam Germán, jueza de dicho organismo que a lo largo de varias décadas de desempeño como jueza se ha ganado el mayor reconocimiento de la sociedad dominicana, por un ejercicio correcto y ejemplar, aun en medio del descrédito de la justicia dominicana, ponderación notable que la eleva a la categoría de Jueza de la República.
   
El intento de echar por el suelo el buen mérito ganado por su capacidad, honestidad y buen desempeño reflejado en sus decisiones judiciales, tiene como propósito eliminarla del concurso, lo que llevó al Procurador a violentar el reglamento que se aprobara el propio CNM, poniendo en evidencia hasta dónde ha llegado la degeneración del ejercicio de la política en nuestro país.
   
El espectáculo desplegado por el CNM al convertir la sesión de evaluación de la magistrada Germán en una trama contra el buen nombre ganado por su desempeño en la justicia, es un claro ejemplo de lo que las ciencias políticas han identificado como una de las más perversas desviaciones de la práctica política universal, tal como lo es el “maquiavelismo”. Esta perversión ocurre cuando los agentes políticos, frente a la relación medio-fin, recurren a cualquier medio soslayando el requisito de la licitud siempre y cuando se logre el fin deseado.  
   
Esa desviación se popularizó con la máxima maquiavélica que reza: “el fin justifica los medios” y es una de las más comunes perversiones en el ejercicio de la política, donde el político deja de lado la preeminencia de la ética como disciplina que al momento de la toma de decisiones en la relación medio-fin, debe estar presente a través de la escala de la licitud. La acción política no solo debe tomar en cuenta la eficiencia y la factibilidad del medio a seleccionar, que son las otras escalas que deben guiar la toma de decisiones, sino que en la decisión se debe integrar siempre la licitud, señalada por la Ley, los procedimientos y los reglamentos.
   
La violación de estos elementos en el actuar político por parte del CNM a través del Procurador, más que maltratar y descalificar a la Magistrada, más bien invalida el procedimiento y su malsana intención, devolviéndose el juicio en su contra y proyectándolo como un actor descalificado por sus malas artes exhibidas.
   
La ausencia de la ética en la política dominicana se está proyectando en variadas esferas de la conducta de los dominicanos y forma parte de la descomposición moral que ha traído consigo el llamado “proceso de transformación” del país. Dicho proceso tiene su germen en la tradición caudillista y patrimonialista que guían a los políticos, así como su afectación por la visión contemporánea de que la política es puro negocio. Por eso se han corrompido bajo la pervertida convicción de que en política se hace lo que conviene, violándose los criterios de la licitud, la eficiencia y la factibilidad, los cuales al momento de seleccionar los medios hay que armonizar, para no caer en esas desviaciones de la política.

¡Aprendamos a respetar a la persona humana!


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