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Editorial

Juventud y Sociedad

ACTUALIZADO 01.02.2019 - 7:05 pm

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La juventud, etapa de la población entre 15 y 30 años de edad, amerita de atenciones especiales basadas en políticas educativas, sociales, económicas, culturales y éticas para construir a personas con competencias e íntegras, y de esa forma garantizar que se formen en procura de impulsar el crecimiento de la sociedad.
   
Es preciso que los estados, gobiernos y clases sociales aúnen esfuerzos y voluntades en la búsqueda de asegurar las oportunidades indispensables, a través de procesos que permitan que los jóvenes se incorporen a las actividades productivas como trabajo, estudios, arte, deporte, política, entre otras.
   
Hoy día es un reto de quienes controlan el poder, desarrollar programas con el objetivo de disminuir la desigualdad socioeconómica, exclusión social, marginalidad, pobreza e iniquidad, cuyos indicadores afectan a la juventud.
   
Mientras que los jóvenes deben encarar con responsabilidad los desafíos que tienen por delante, mediante la formación y la educación, para transformar las estructuras de sistemas políticos y modelos económicos que hunden a los pueblos en crisis deprimentes.
   
En República Dominicana, donde se celebró el “Día Nacional de la Juventud” el pasado 31 de enero, hay que emprender proyectos en aras de proporcionar a los jóvenes oportunidades que faciliten empleos, educación, salud y todo cuanto dé respuestas a sus necesidades y exigencias perentorias.
   
Una tarea apremiante es evitar que los jóvenes dominicanos sean reclutados por narcotraficantes, pandilleros, antisociales y quienes dirigen el crimen organizado; eso es posible con la ejecución de políticas sociales y económicas eficaces.
   
No se puede postergar más el compromiso con la juventud, porque la descomposición social, desintegración de la familia y las drogas  atrapan a  muchos jóvenes y los convierten en delincuentes.
   
Claro, en el país hay jóvenes excepcionales, quienes sobresalen en los campos de las ciencias, académico, político, cultural, artístico, literario, deportivo e investigación; a esos hay que promoverlos como paradigmas para que impacten y estimulen a quienes se han desviado del camino correcto con un comportamiento decoroso.
   
Se necesita una juventud estable, formada y educada, porque es la garantía de influir en la construcción de una nueva y mejor sociedad, lo que se expresará en la evolución de la nación, sobre la base de la creatividad e innovación para superar el atraso y el subdesarrollo.
   
Hay muchas herramientas disponibles para crecer, ya que la humanidad vive la era del conocimiento, la información y la tecnología; esta etapa puede ser aprovechada si desde las instancias oficiales y privadas se implementan plataformas programáticas en favor de la juventud.
   
Urge erradicar la pobreza, insalubridad, desempleo y condiciones inhumanas que golpean a una amplia población juvenil; esa es la receta que neutralizaría su vinculación con la criminalidad.
  
“Si la juventud está bien educada, tendremos orden moral. Si no, el vicio y el desorden prevalecerán”, esa proclama del sacerdote San Juan Bosco invita a la reflexión para crear conciencia de que necesitamos a jóvenes educados, con principios éticos y valores morales.

“La mejor obra que se puede hacer en este mundo es atraer las almas perdidas al buen sendero, a la virtud”, esa es la misión que encomienda Don Bosco.


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