23 Enero 2019 11:59 AM

PortadaOpiniónEditorial

Editorial

Tentáculos del narcotráfico

ACTUALIZADO 11.01.2019 - 7:16 pm

0 COMENTARIOS

enviar por email

imprimir

ampliar letras

reducir letras

El asesinato del comandante de la Policía Nacional en Baní, acción ejecutada por narcos, es una clara evidencia de que los tentáculos del narcotráfico permean la mayoría de los estamentos de la sociedad, incluidas instancias de poder. Quienes dirigen el tráfico de drogas manejan muchos recursos económicos, situación que le permite abrir puertas en esferas oficiales y conquistar a cómplices para realizar sus operaciones ilícitas con facilidad.
   
Mantener el cultivo, fabricación, consumo y distribución de sustancias prohibidas,  requiere de la colaboración de funcionarios vinculados a instituciones estatales, porque solo así se explica cómo se concretan transacciones irregulares al margen de las leyes.
   
Sicariato, delincuencia, violencia, organización de pandillas juveniles y barriales son manifestaciones consecuencia del narcotráfico, por tanto, es pertinente que las autoridades políticas presten la debida atención, y decidan emprender tareas eficaces, y de ese modo cumplir con su misión de combatir a los mafiosos.
  
Para comprender la penetración que ostentan los narcotraficantes  en República Dominicana, se percibe  que han logrado  niveles de cooperación por parte de quienes están llamados  a enfrentarlos, deducción razonable que explica su operatividad en todos los espacios del país.
   
Una muestra de esto se refleja en la revelación formulada por el senador Wilton Guerrero, quien destacó que el coronel Daniel Álvarez Ramos fue víctima de una “emboscada”, ya que fue vendido a los delincuentes por sus compañeros; y tiene lógica, porque los oficiales que lo acompañaron no resistieron el ataque, por el contrario lo dejaron solo y abandonado, exhibiendo una conducta que despierta sospechas razonables.
   
Ante este crimen horrendo, las autoridades del Ministerio Público, Policía Nacional y de los organismos de investigación e inteligencia, deben emplear métodos investigativos científicos en procura de descubrir la verdad e identificar a los posibles cómplices en la planificación de la trama “macabra”; este caso no puede permanecer en la oscuridad y menos en la impunidad porque si no se hace justicia se transmite un mensaje de desaliento y desesperanza en los distintos segmentos de la sociedad dominicana.
   
Los narcotraficantes han desafiado a las autoridades con la muerte de un oficial policial, y eso no se puede consentir, puesto que se debe evitar que los criminales se tornen incontrolables y conviertan a la nación en un territorio “invivible”.
   
Urge frenar a las mafias que sostienen el negocio de los estupefacientes, porque las drogas tienen efectos que devastan la salud humana y destruyen la democracia política de los pueblos.
   
Es tiempo de actuar con drasticidad contra los malhechores, y eso se obtiene con la aplicación efectiva de la justicia y el fin de la impunidad, procedimientos claves para garantizar la paz y la seguridad social.
   
Cuando la criminalidad golpea a gente de poder, es una señal de que la inseguridad está en niveles alarmantes, lo que crea un ambiente de terror y eso atemoriza a la población.
   
Hay que propiciar un clima de seguridad, armonía y bienestar colectivo por una convivencia pacífica; ese es el deber de las autoridades, el cual deben encarar con responsabilidad por el bien común; eso es una prioridad nacional.
    
Que se combata con energía y voluntad política a los narcotraficantes, por la tranquilidad de los dominicanos.


0 comentario(s)


Le restan 1000 caracteres.

Normas de uso

Este periódico no se responsabiliza de las opiniones vertidas en esta sección y se reserva el derecho de no publicar los mensajes de contenidos ofensivo o discriminatorio.