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Editorial

El desafío del tránsito

ACTUALIZADO 02.01.2019 - 7:35 pm

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El año 2018 terminó ensangrentado por la violencia del tránsito y por la violencia criminal, que han hecho cada vez más insegura la vida ciudadana del dominicano. Esos hechos espantosos que mantienen en zozobra a las familias y a los ciudadanos, son expresiones de la descomposición social que ha modificado el comportamiento de hombres y mujeres dominicanos.  
   
El abordaje de la violencia en general es algo más difícil y complejo para reorientarlo mediante políticas públicas. Por lo tanto requiere de un enfoque multidisciplinario y con proyectos públicos que puedan reemplazar o reforzar las viejas funciones de control social que ejercían en la vieja sociedad esferas institucionales como la familia, la escuela y el vecindario.
   
Un caso que luce más práctico y sencillo, donde se pudiera restablecer el control social para reducir el impacto fatal de la violencia, podría darse en la violencia de tránsito, la cual está generando un alto nivel de víctimas, que han convertido a los accidentes del tránsito en la mayor causa de muerte en la República.
   
Esa dramática situación es consecuencia de la alta propensión de los conductores a no respetar la Ley de tránsito y su inclinación por un manejo temerario que induce a conducir no de acuerdo a normas y protocolos del tránsito, sino de acuerdo a impulsos improvisados provenientes de los patrones de la cultura de la informalidad, que hacen que los conductores se olviden de las señales formales del tránsito y prefieran a conducir con el “libertinaje” con que manejan los medios de locomoción animales en la sabana rural.
   
Esa situación del descontrol del tránsito se refuerza con el abandono que desde un tiempo a esta parte se produjo cuando fue desmantelado el sistema de la autoridad de carreteras, que se aplicaba mediante unidades que vigilaban y controlaban el tránsito interurbano pero que se degradaron por efecto del “macuteo”.   
   
Restablecer el orden en la red vial mediante la instalación de un sistema de autoridad de carreteras, requiere de un nuevo enfoque que aplique la moderna tecnología informática, complementada con cámaras, unidades motorizadas preparadas y equipadas y un personal técnico y policial debidamente entrenados y bien compensados, para controlar la velocidad, el respeto a los carriles y las señales del tránsito, entre otras acciones del protocolo de carreteras.     
    
De aplicarse un sistema como el aquí descrito, en al menos las principales vías troncales de la red vial del país, con toda seguridad se reducirían los accidentes de tránsito y con ello las muertes fatales que hoy día se producen por la falta de un moderno sistema de autoridad de carreteras.
   
La presencia en las vías de modernas unidades para  control de carreteras, despertarían en los conductores los mecanismos mentales del control represivo o coactivo, a los cuales el dominicano responde de forma automática. Hay que restablecer en las carreteras el temor a la autoridad ante la tentación de violar la Ley. El dominicano responde a ese tipo de control. Falta la voluntad de las autoridades para que se decidan por ese proyecto que reordene el tránsito en el país.

¡El desafío es para el modernizador y ordenador del Gobierno, como lo ha sido el Ministro Montalvo!     



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