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El nuevo año 2019

ACTUALIZADO 01.01.2019 - 5:42 pm

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El año 2018 finalizó con el optimismo que nace de saber que la economía dominicana terminó creciendo al ritmo del 7% anual, colocándose como líder de la región de la América Latina. No obstante, la opinión pública reprocha el hecho de que ese crecimiento y estabilidad macroeconómica no se traducen en prosperidad, por la inequidad en la injusta distribución de la riqueza, a consecuencia de un modelo económico que se basa en bajos salarios y en el privilegio de las minorías oligárquicas nuevas y viejas.
   
Esa situación se manifiesta en el dualismo sociocultural, donde la pobreza de la mitad de la población convive con la riqueza ostentosa que exhiben sectores privilegiados en el contexto del moderno urbanismo que se ha desarrollado en las principales ciudades de la República.
   
Esa situación contrastante, se complementa por  una cadena de problemas vinculados a la transformación del país: la ineficiencia del sector público en la oferta de servicios de calidad; la inseguridad ciudadana que se expresa en la criminalidad y la delincuencia callejera; la corrupción administrativa que dilapida cientos de miles de millones de pesos anualmente, unida a la impunidad como consecuencia de una institucionalidad secuestrada por los intereses políticos particulares que genera la conformación de la nueva clase gobernante.
   
En esa cadena de problemas sobresale la pobre institucionalidad y la falta de la autoridad para hacer cumplir la Ley y para fortalecer el orden social, lo que unido al control de la institucionalidad por la nueva clase gobernante a través del partido de gobierno, han puesto en peligro la democracia dominicana y la oportunidad de que el país se enrumbe por los senderos del verdadero desarrollo sustentable.
   
En ese orden el país para el 2019 se enfrenta a un reto formidable, como lo es ponerle fin a la tradición reeleccionista y al continuismo, según lo prevee la Constitución. En consecuencia y en el orden político-institucional, el país está abocado a la imperiosa necesidad de que se respete la Constitución, cuya fórmula sucesoral del poder político le pone fin a una segunda repostulación, para un tercer período de gobierno consecutivo.
   
El Congreso de la República y la Junta Central Electoral, habrán de jugar un papel trascendental, de modo que la nación pueda transitar por el 2019, haciendo que los procesos políticos-partidarios de elección de candidatos se realicen en el marco de la alternabilidad prevista por la Constitución y con la debida separación de los poderes del Estado. Esa debe ser la actitud colectiva que anime a los espíritus democráticos de los buenos dominicanos.   
   
De alterarse esa expectativa institucionalista y volverse atrás reiterando la vieja tradición de la reelección, el país daría un salto al vacío que pondría en peligro la estabilidad política y a décadas de estabilidad económica que ha disfrutado la nación.   
   
Los intereses de la nueva clase gobernante en formación luego del 1996, no deben ponerse en riesgos, por los intereses personales de los líderes políticos protagónicos que se dejarían arrastrar  por las ambiciones nacidas del modelo de “dominación personal” que se guía por el “librito del caudillo”.

¡Qué para el 2019 no se repita la historia!


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