16 Diciembre 2018 12:18 AM

PortadaOpiniónEditorial

Editorial

Desconfianza en la Justicia

ACTUALIZADO 29.11.2018 - 6:18 pm

0 COMENTARIOS

enviar por email

imprimir

ampliar letras

reducir letras

Con la transformación física del país y la diversificación de la economía según lo pauta la “modernización y el progreso”, se ha ido desarrollando en la ciudadanía un sentimiento de desconfianza en las instituciones, especialmente en las políticas, fenómeno que viene siendo medido por las encuestas de opinión. Es muy baja la confianza y la credibilidad que merecen ciertas instituciones del Estado de parte de la población.
   
Dentro de esas instituciones del Estado que han descendido en el nivel de credibilidad y confianza están la Judicatura y el Ministerio Público, sobre todo por las debilidades que se han registrado en el combate al crimen organizado y frente a los corruptos. Se tiene la creencia que esas instituciones más bien sirven de protección de la delincuencia, común en algunos casos y de cuello blanco en otros casos, especialmente los relacionados al tráfico de drogas y al lavado, así como a los actos de corrupción.
   
La cadena de hechos de corrupción que no han tenido un adecuado tratamiento por la Justicia y por el propio Ministerio Público es muy larga y abarca a todos los niveles de la autoridad burocrática y política. Por el momento solo se recuerda una solución en los casos de dos alcaldes: “Canoa” en Cabarete y el exalcalde de San Francisco de Macorís, quienes, luego de un largo y tortuoso proceso, fueron finalmente condenados por corrupción. La mayoría de los casos que han sacudido la conciencia nacional o han quedado sin solución o han sido mutilados y tratados con evidente parcialidad política, escandalizando por momento a la opinión pública hasta llegar al cansancio y al olvido, tal como fue el caso de la “mafia” descubierta que operaba en el Consejo del Poder Judicial.
   
La acumulación de todos esos casos mal tratados, tanto por el Ministerio Público como por la Justicia, ha ido consolidando en la ciudadanía ese sentimiento de desconfianza y de escasa credulidad en la Justicia dominicana. Por eso fue un desacierto del Procurador manifestar aquí en Santiago “que no descansará hasta que logre el cese de la impunidad y la corrupción”, al tiempo de expresar con vehemencia y firmeza que “del pueblo no van a seguir burlándose  y que el Ministerio Público hace su trabajo”.
   
En esa intención el Procurador coincide no sin ironía con la misión que se ha propuesto el movimiento de resistencia ciudadana de la Marcha Verde. Y hay que decir con ironía, porque la larga cadena de hechos criminales y de corrupción que han quedado impunes, a los que la acción de la justicia no llega, contrasta con la vehemencia y firmeza con que el Procurador formuló su percepción sobre la labor del Ministerio que él encabeza, en cuanto al combate de la corrupción y la impunidad.
   
Ese contraste, definido como una burla, sirve más que nada para ahondar más aún la creencia generalizada de que no habrá justicia en la República, mientras ésta, como otros tantos poderes del Estado, se mantenga tomada por el partido de gobierno para asegurar los intereses en expansión y desarrollo de la nueva clase gobernante y dominante que se ha ido edificando durante una gestión de casi 20 años de dominación hegemónica ejercida por el partido de gobierno.

¡En el afán de dominación está la desconfianza en la Justicia!    



0 comentario(s)


Le restan 1000 caracteres.

Normas de uso

Este periódico no se responsabiliza de las opiniones vertidas en esta sección y se reserva el derecho de no publicar los mensajes de contenidos ofensivo o discriminatorio.