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Editorial

Lecciones de la huelga

ACTUALIZADO 28.11.2018 - 6:32 pm

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La lucha de los transportistas que persiguen la reducción de los precios de los combustibles, ha llevado a cabo en esta coyuntura dos jornadas huelgarias. Una en el Cibao y otra en el Gran Santo Domingo. La primera, en comparación con lo sucedido en La Capital, alcanzó un mayor impacto en cuanto al nivel de paralización de las actividades regulares en las principales ciudades de la región Norte.
   
La jornada del pasado martes en Santo Domingo, por el contrario exhibió en las imágenes un menor nivel de paralización de la ciudad, pese a que los organizadores consideran que el paro fue “un éxito contundente”. Las evidencias parecen que no fue así, y a lo sumo se puede hablar de un paro parcial, mucho más débil que lo sucedido en el Cibao.
   
Uno se puede preguntar por qué la diferencia y nos surgen dos respuestas inmediatas: Primero porque el gobierno tiene un mayor nivel de penetración en Santo Domingo que en las ciudades del Cibao, dado que hay una mayor proporción del presupuesto nacional que se invierte en esa zona del país y una proporción mucho más reducida en el Cibao y en especial en Santiago.    Asimismo, todo el aparato de represión legítima del Estado tiene su asiento en Santo Domingo y de igual manera todo el tejido del poder fáctico público y privado tiene un mayor alcance y vigencia en La Capital, en comparación con Santiago y las demás ciudades de la región, zona que por lo demás es más independiente en su economía local.
   
Segundo, porque el Gobierno tiene en Santo Domingo mayor capacidad de incidir en la división de los grupos de transportistas, cuyas cúpulas tienen una gran dependencia respecto a los beneficios que otorga y reparte el Estado, por lo cual el Gobierno tiene una mayor capacidad de manipulación de los grupos empresariales del transporte. Fue notoria y manifiesta la división que exhibieron dichos grupos, varios de los cuales rechazaron el llamado a huelga que hiciera FENATRANO y la Coordinadora de la jornada de protesta.
   
Esas dos condiciones deben servir de lección no solo para los movimientos de protestas en torno al problema del transporte y los combustibles, sino para aquellos grupos y movimientos sociales como la Marcha Verde, la cual se integró al llamado al paro de la Capital, distorsionando su espíritu y objetivo institucionalista y moralista que se enmarca en su lema de “fin de la corrupción y la impunidad”, al dejarse arrastrar por un exceso de “protagonismo” de una cúpula que parece haber perdido el rumbo del movimiento.
   
Las protestas cívicas de los ciudadanos, los grupos y los movimientos sociales son legítimas y constitucionales, pero los que dirigen su accionar deben tomar en cuenta que sus luchas y estrategias tienen que someterse a los criterios políticos de la eficiencia, la factibilidad, la oportunidad, no el “oportunismo”, así como a la licitud de los procedimientos y medios seleccionados. Cada jornada de protesta para que sea exitosa debe reunir esas condiciones políticas, además de manejar una estrategia de comunicación y de articulación social clara, precisa que no dé lugar a mensajes ambiguos y confusos como se dio en el caso de la “huelga” de la Capital.

¡Qué se aprenda de las lecciones dejadas!



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