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Atraso y poder

ACTUALIZADO 30.10.2018 - 6:24 pm

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En las sociedades modernas democráticas el régimen político canaliza la lucha por el poder a través de una institucionalidad fundamentada en los principios de la alternabilidad y en la separación de los poderes. Dentro de ese contexto las diferentes fuerzas político-partidarias concurren a la lucha por el poder mediante su participación en los diferentes torneos electorales, de los cuales se espera como norma la institucionalización permanente del cambio de grupos en la conducción del Estado.
  
Ese esquema del régimen político en la modernidad, no funciona así en las sociedades atrasadas y subdesarrolladas, como es el caso de la nuestra, donde no se da de forma estable la alternabilidad en el poder político, sino que por el contrario predomina la tendencia al continuismo en el poder. Tampoco se da la separación de los poderes públicos, sino que por el contrario se da la concentración y monopolización de los poderes a favor de un grupo que resulta el dominante que se impone a toda la sociedad. Esas tendencias en la práctica se dan por encima del marco jurídico y constitucional, cuya formalidad se enmarca en la teoría democrática moderna.
   
Esa lógica de la actuación política quedó evidenciada en la espectacular asamblea celebrada por el Comité Central del partido de gobierno, donde se produjo un manifiesto consenso en el cual las dos tendencias que se disputaban el dominio de la decisión a tomar, produjeron el “milagro” de un acuerdo donde la tendencia dominante oficialista tuvo ganancia de causa, al aprobarse las primarias abiertas, en tanto que la tendencia dominada se conformó con la designación de una comisión para adecuar los estatutos de la organización y una eventual consulta con la Asamblea Nacional de Delegados.
   
Con la decisión “milagrosa” se produjo el impacto deseado por todos en el sentido de que el partido de gobierno una vez más puso de manifiesto su inteligencia y racionalidad para lograr y mantener la unidad partidaria, condición que suponen necesaria para lograr el “continuismo” en el poder. La satisfacción de ese resultado espectacular, sin embargo, comienza rápidamente a deshacerse por las reacciones inmediatas de unos y otros, regateándose la victoria en la decisión tomada y aprobada en minutos en la referida asamblea del Comité Central.
   
Ese regateo tiene su origen en el modelo político tradicional dominicano que hace vigente el patrón del “continuismo” contenido en la tradición reeleccionista, mediante la cual el o los grupos en el poder se aferran a mantenerse en el poder de forma indefinida. De esa manera se manifiestan las serias dificultades que tiene el país para institucionalizar la democracia. Y en vez de ello se refuerza la necesidad de la tradición reeleccionista que mantiene en el atraso a la democracia dominicana.
   
La feroz lucha partidaria siguiendo la lógica del “continuismo” y la “reelección”, hace cada vez más tensa y angustiosa la cotidianidad de la política, haciendo que la gente pierda el sentido de la realidad para sumergirse en la irracionalidad de las pasiones disfuncionales.
   
En ese clima de confusiones, surge amenazada por la tradición autoritaria del “continuismo” la democracia dominicana que se idealiza como una utopía inalcanzable.

¿Cuál será la fórmula para reencaminar la democracia dominicana?  



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