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Editorial

Retroceso en Brasil

ACTUALIZADO 29.10.2018 - 5:29 pm

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La democracia de Brasil dio un paso de retroceso con la elección de un representante de la extrema derecha que manifiesta su compromiso con posiciones autoritarias provenientes de los tiempos de la dictadura militar, las cuales se suponían superadas luego de décadas de regímenes democráticos y progresistas que en su última versión fueron encabezados por el liderazgo de Lula y su Partido de los Trabajadores.
   
Bolsonaro, nuevo presidente electo de Brasil, detuvo la opción del Partido de los Trabajadores representada por Fernando Haddad, quien cayó vencido 55 a 45, pero dejando dividido a ese gran país entre las fuerzas de izquierda democrática que encabeza el ex presidente Lula, preso por corrupción, y la nueva versión del extremismo de derecha que encabeza Bolsonaro, apoyado por las oligarquías empresariales brasileñas e internacionales.
   
Las elecciones y sus resultados confirman el retorno de Brasil al dominio geopolítico de los EE.UU en la América Latina, tal como ha ido pasando con Argentina, Chile, Paraguay, Ecuador y otros países de la región, que llegaron a conformar toda una amplia zona del llamado “socialismo del Siglo XXI”  que impulsara la “Izquierda progresista” abiertamente anti imperialista en los tiempos de Lula y de Chávez. De esa manera las derechas latinoamericanas en alianza con los EE.UU siguen avanzando en la recuperación de su hegemonía, mediante gobiernos y regímenes de orientación conservadora que sustentan la estrategia de la globalización neoliberal.
   
De esa manera, solo quedan en Las Américas algunos regímenes de izquierda como son Venezuela cercada y acogotada, así como la Nicaragua convulsionada y de menos trascendencia como El Salvador. Con la eliminación de esos regímenes se completaría la recuperación de la tradicional influencia y más que influencia, injerencia del poder y dominio de los EE.UU en la región.
   
Trastorna a los fines de esa estrategia continental de restablecimiento de la hegemonía estadounidense, la creciente presencia de China en la región, porque pese a que ese gigante asiático confiesa su adhesión a la economía de mercado y no al socialismo, constituye una seria competencia para los EE.UU en una zona que es considerada su “patio trasero”.
   
Por esa razón los EE.UU no esconde su malestar por la reciente decisión de tres países centroamericanos de establecer relaciones diplomáticas y comerciales con China, incluyendo a la República Dominicana, cuyo presidente, el Lic. Medina se apresta a viajar a ese país asiático para sellar los acuerdos del intercambio comercial.
   
China viene a sustituir la gran influencia que en su momento alcanzó el Brasil en nuestros países a través de la Odebrecht y de otras multinacionales del país sudamericano, cuya presencia, por ejemplo aquí, desplazó por más de dos décadas a los EE.UU, tanto en el terreno económico como en el político, cuando Brasil, a través de la Odebrecht, llegó a sentar en el Palacio Nacional a su más experimentado asesor electoral para favorecer a los políticos aliados no solo en el país sino en toda la región.  
   
La República Dominicana debe manejarse con sumo cuidado en el marco de sus relaciones internacionales, sobre todo si se considera que los EE.UU están decididos a restablecer su hegemonía en la región, apoyando a los movimientos de derecha comprometidos con la estrategia de la globalización neoliberal.
    
¡Miremos el contexto internacional y sus tendencias!


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