16 Diciembre 2018 1:06 PM

PortadaOpiniónEditorial

Editorial

Gestión pública racional

ACTUALIZADO 10.10.2018 - 5:53 pm

0 COMENTARIOS

enviar por email

imprimir

ampliar letras

reducir letras

Decía Don Juan Bosch que los dos grandes problemas  que caracterizaban a los dominicanos son la pobreza y la ignorancia. Frente a esos problemas el gobierno actual, legado de Don Juan, ha trazado unas líneas de trabajo dirigidas a combatir la desigualdad y la pobreza, como lo dijera el Presidente Medina en Santiago, al lanzar el programa República Digital, el cual se propone cerrar la brecha digital en el país, incorporando a estos servicios cibernéticos a miles de jóvenes que se beneficiarán del avance tecnológico.   
   
Se trata de un propósito político noble y que exige para su aplicación de una gestión pública montada en el plano de la “racionalidad”, de modo que frente a la pobreza y la ignorancia se ofrezcan soluciones eficientes y eficaces, así como oportunas, que transformen la composición social dominicana, ensanchando la proporción de ciudadanos de clase media que eleven la capacidad productiva y de consumo de gran parte de los dominicanos que hoy forman parte del mundo de la pobreza.
   
Esa necesaria racionalidad para la igualdad y el bienestar general de la República, sin embargo, choca con otras tendencias que gravitan sobre la materialización de la gestión pública racional de consecuencias no racionales y que se convierten en barreras que impiden un combate efectivo de la pobreza y la desigualdad.
   
Tal es el caso de la tendencia que privilegia en el presupuesto nacional la alta proporción en el gasto corriente y que se manifiesta en la hipertrofia de la nómina pública, la cual ha alcanzado tal magnitud que sobrepasa los 700 mil supuestos servidores públicos, muchos de los cuales como ha quedado evidenciado en un sin número de reportajes periodísticos, constituyen “botellas” improductivas que consumen recursos públicos sin producir, y que obedecen a los compromisos partidarios que tienen lugar dentro de la “democracia clientelar” reinante en el país.
   
La irracionalidad en el gasto público por esa razón distorsionante, se pone de manifiesto en la “revolución educativa” que lleva a cabo el gobierno, dentro de la cual los gastos en nómina se duplicaron en los seis años que lleva el 4% y los gastos en personal administrativo, no docente, solo en los últimos cuatro años aumentaron un 78 %, según consta en un informe del BID.
   
De permanecer ese esquema de gestión por razones del comercio político electoral, es difícil si no imposible que los objetivos por una educación de calidad y de alta cobertura, se puedan alcanzar. La “revolución educativa” podría quedarse como una buena intención que la “gobernabilidad clientelar” habría frustrado, como otras tantas iniciativas similares con espíritu de modernizar el país y la gestión pública.
  
Si el gobierno quiere que la República Digital se establezca y consolide, es imprescindible liberarla de la malsana influencia de la “politización clientelar”, para que el buen uso racional de sus recursos haga viable el logro de sus nobles fines.
   
Para que el país pueda superar las falencias de la pobreza y la ignorancia, hay que superar los esquemas de la gestión pública basados en la irracional “democracia clientelar” que obliga a malgastar los recursos del Estado.

¡Apliquemos la República Digital con racionalidad!   



0 comentario(s)


Le restan 1000 caracteres.

Normas de uso

Este periódico no se responsabiliza de las opiniones vertidas en esta sección y se reserva el derecho de no publicar los mensajes de contenidos ofensivo o discriminatorio.